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Autor Tema: carguero 9 (Caribe)  (Leído 623 veces)
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marsindbad
Sr. Member
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« en: 20 de Mayo de 2007, 01:59 »


Siguiente puerto: Cartagena (Colombia), que vista desde el mar, se daba un aire a Manhattan.
Ya os conté que aquí el agente nos secuestró. Eso fue después de zamparse unos pankekes en el comedor de oficiales, mientras no nos perdía de vista.
Nos metió en el taxi donde nos esperaba su primo, que según dijo le enviaba la empresa por razones de seguridad. Sí,claro. Imposible deshacerse de él. Como el precio no era abusivo, tragamos.
La ciudad era una monada, con sus casitas pintadas de colorines, flores en los balcones.... Todo muy cuidado.
Tontamente, ya nos avisó el guía que pasaríamos a hacer unas fotos al taller de esmeraldas de sus amigos. Nosotros que no, que no, que mis compañeros ya hicieron la visita el año anterior. El otro no decía nada, pero era de ideas fijas.
Como en cada puerto, E. tenía que tomarse un buen expresso (porque el café del barco dejaba que desear). En el taller es gratis el café, nos decía.
Acabamos en una terracita, y al pedir una cerveza nos enteramos de que ese día había Ley Seca. Víspera de elecciones a la presidencia de la república. No es mala idea..... para pensar con claridad.
Mientras tanto, los de las esmeraldas salían a saludarnos. Poco a poco, íbamos subiendo por el escalafón. Al final, el mismísimo jefe se nos apareció.
Tuve que entrar, y conseguí salir de vacío. El guía, sin su comisión..........Uy, uy, uy.
Continuamos, y como yo quería comprar café de Colombia para mi abuela, nos llevó a un supermercado. De allí salió cargado con mis bolsas de la compra (café, zumos de mango...). Y jurando en arameo, porque no creo que fueran estos los planes que tenía en la cabeza mientras se comía los pankekes.

Consecuencia: la vuelta al barco en taxi, que según había dicho él toda la mañana era un viaje de unos 5 minutos, pasó a ser de 20 por lo menos. O sea, que teníamos que volver ¡YA! Nos metió al taxi, y nos mandó de vuelta al Marfret sin contemplaciones. Tardamos 5 minutos, por supuesto, y nos sobró una hora.




Y aunque parezca que nos pasábamos el día haciendo turismo y buscando taxis, a mí aún me quedaba tiempo de aprender. El 27 de mayo, tras 19 días de navegación, averigüé donde estaban babor y estribor, (y eso que antes de seguir presumiendo, voy a comprobar en la enciclopedia que no me tomaran el pelo).
Y muchos más descubrimientos que iba a hacer sobre el barco en los días venideros....


En Venezuela teníamos previstas dos escalas. La primera, Puerto Cabello.

Otra ciudad peligrosa, dijo el capitán. No bajeis cámaras, ni mochilas... Nada.
Y una vez más, le creímos. Nos fuimos todos juntos: los tres pasajeros, y los dos alemanes que tenían la costumbre de bajar a tierra. Ellos se conocían la ciudad, no sé cuantas vueltas llevarían ya con el Marfret....
De este puerto se salía andando. Nada de taxis.
Y nada de grúas. Esa fue la sorpresa. En todos los puertos donde habíamos atracado, tenían unas grúas enormes en el muelle para cargar y descargar. Algunas incluso con ascensor, porque eran complicadas como ciudades. Desde una cabina colgada en las alturas, se manejaban los contenedores con facilidad.
Aquí no. Y resultó que los tres postes amarillos que llevaba el barco en medio de los contenedores, y que a mi ya hacía días que me tenían intrigada, ¡eran grúas! Claro que no se podían comparar con las otras, porque en estas se colgaba el contenedor de un gancho, con cuatro cuerdas que iban a las cuatro esquinas.  Nada más levantarlo, empezaba el baile: el contenedor girando sobre sí mismo, golpes por todas partes...... Lo que costaba acertar en esas condiciones a meterlo en su hueco.

Y todo el proceso llevado a cabo de forma bastante manual... Los tipos saltando como monos de un contenedor a otro, piezas de hierro por los aires, ellos subidos encima y aprovechándolas como ascensor.... ¡Viva la seguridad en el trabajo! Y el casco para los que miraban, porque los otros, demasiados malabarismos hacían como para preocuparse de llevar estorbos en la cabeza.

Claro que bien mirado sí que tienes seguridad en el trabajo, la seguridad de no perderlo (mientras no te descalabres...), y de no acabar en el paro. Porque con este sistema, se necesitan media docena de trabajadores para hacer lo mismo que en los otros puertos hace uno solo. Hay diferentes procedimientos para acercarse al pleno empleo, y uno es quedarse en la era pre-industrial. Quizás en Venezuela no se llegue a tanto, vale con no pasar del s. XX.

Resultado: 24 horas en el puerto sin parar de cargar y descargar. Record de permanencia. Eso sí, entretenidísimo para los pasajeros.
A media tarde se organizó un atasco impresionante en el muelle, tipo operación salida, y quizás era su hora de salir del trabajo, porque aquello parecía la M-30.
Yo mirando, claro. Sobre todo las bodegas, porque acababa de enterarme de su existencia, y resultaba que cabían casi tantos contenedores como fuera.
Lógico, piensas una vez que lo has visto, no va a navegar el barco con toda la carga por encima del nivel del mar. Centro de gravedad, bla, bla, bla...
Sí, pero hasta ese día, cuando hacía yo mis cálculos de contenedores transportados, solo había tenido en cuenta los que se "veían". De repente, me encontré con que llevábamos casi el doble de carga de lo que yo creía.
También es lógico que en las bodegas se transporte lo que habrá que descargar hacia el final del viaje. Ahí no molesta. Y quizás por eso no las habían abierto hasta entonces.
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