Volamos solos hacia Nepal, al aeropuerto
Tribhuyan de su ciudad:
Kathmandu. Papeleo por el visado antes de salir del aeropuerto. Unos
30 dólares de derechos de entrada por tres personas. Más controles de seguridad. En la sala de espera se escucha español. Nos recogen en el aeropuerto y nos llevan al hotel
Hyatt Regency. Excelente y dentro de la ciudad para poder salir a dar una vuelta.
20 de agosto. Betsy nos enseña Kathmandu, su ciudad. Ha sido estudiante de la Universidad Complutense en España durante 9 años. Subimos a la colina donde vemos una gran stupa rodeada de cilindros de oraciones que los fieles hacen girar. Unas mujeres preparan la comida para dioses y hombres bajo unos toldos que las envuelven en una luz mágica. Abajo, en la Plaza Real comienza la ceremonia anual de los muertos. Una leyenda de un rey que para consolar a su reina de la muerte del padre de ésta hizo desfilar a todos aquellos a quienes se les había muerto un ser querido durante el último año. Los parientes del finado debían llevar una vaca o un niño engalanado. Rodeados por ese tumulto recorremos el casco antiguo viendo el
Kasta Mandap y el palacio de la
Kumasi Devi, la diosa viviente quien se dignó a mirarnos un instante. Es elegida con una serie de condiciones y superando unas pruebas y abandona el cargo cuando llega a la pubertad cuyo retraso merece todos los trucos. Betsy nos califica a sus paisanos varones de borrachos y vagos.
Vamos a la antigua capital real de
Patán, con sus pagodas y templos que son patrimonio de la Humanidad.
21 de agosto. Volamos en una
avioneta de hélice Beech 1900d hasta el valle de
Pokhara. Sobrevolando las nubes vemos los picos que también las superan en altura.
Nos alojamos en un Fulbari Resort situado en un paisaje maravilloso. En dos días, menos de 25 euros en tres comidas y unas cervezas en el pub Gurkha...
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