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Autor Tema: HISTORIA DE MI VIAJE A TANZANIA  (Leído 1180 veces)
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Rupo
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« en: 14 de Julio de 2007, 18:07 »

TANZANIA
Un día de caza con los bosquimanos


Después de un safari  por los  principales parques nacionales del norte de Tanzania: Tarangire, Manyara, Serengeti y Ngorongoro, el pequeño grupo que formábamos la expedición decidimos seguir nuestro periplo en dirección al lago Eyasi, con el objeto de visitar a la comunidad de  bosquimanos que allí viven.

El camino no fue nada fácil, acostumbrados ya a las pistas de grava en un estado más o  menos aceptable pero no por ello libres de baches,  pasamos a  caminos tortuosos  entre piedras y un fino polvo rojizo que envolvía los todoterrenos  como si de una tormenta de arena se tratase. Cinco horas desde  Karatu  por pistas en muy mal estado, es el precio que se paga   por llegar a la tierra de los bosquimanos.

Una improvisada ducha  construida con cañas  y un bidón colgado de agua, sirve para refrescarnos.  Montamos el campamento a la orilla del lago, entre las palmeras, un lugar  idílico. Los monos nos miraban expectantes esperando la ocasión para  saquear nuestras  provisiones, pero el cocinero  cazuela en mano, no se lo iba a poner fácil.

Por la mañana temprano nos acercamos a ver al pequeño grupo de bosquimanos  de la tribu Hadza que viven en los alrededores del lago. Un intercambio de miradas y un apretón de manos fue nuestra presentación.



Hubo un tiempo  en que este grupo de gente se  extendía por la mayor parte de Africa. Hoy en día la desaparición de este pueblo con una cultura y un idioma propios es irreversible. Los bosquimanos son  seminómadas y  viven en comunidades de no más de 30 individuos, no existe el sentido de la propiedad. La caza  y  la recolección de  tubérculos y frutas es la  base de su  alimentación. Cazan con arco y flechas y  todavía hacen fuego friccionando  dos maderas con  la misma destreza y rapidez con la que nosotros encendemos una cerilla.

No destacan  por sus collares ni llamativas  ropas de color como sus vecinos los masais, sólo un corto pantalón  viejo o  un trozo de tela cubren su sexo. A veces la llanta de una rueda abandonada  es la materia prima para hacer  unas sandalias.
Una vez hechas las  presentaciones  ponen los arcos a punto demostrándonos su destreza  y les acompañamos durante toda la maña en su ritual diario de ir a cazar, no sin antes coger mochilas, gorros, gafas, crema solar, agua y  algo para comer; ellos nos miraban y seguramente pensarían  para   qué tantas cosas.

Los cuatro bosquimanos se abrían en abanico entre las acacias y baobabs, El jefe, fácil de reconocer por su peluquín de mono, iba dirigiendo la caza y  nosotros detrás, mal séquito ya que para lo  único que servíamos  era para espantar a los animales. De repente,  entre el matorral,  una paraje de dik-dik,  los bosquimanos se desplegaron para rodearles, los nervios a flor de piel  dieron paso  al cruce de un par de flechas, pero esta vez se dieron a la fuga pasando entre nosotros.

Una parada para escarbar en la árida tierra y sacar unos tubérculos de sabor azucarado.
Después de abatir una pequeña ave de  un certero  flechazo, nos dirigimos a una cueva  para descansar. La comunicación con ellos se limitaba a sonrisas y miradas, pero el ambiente era mágico  o al menos así nos lo parecía. Una pequeña vara de caña adornada con una pluma y un trozo de madera sirvió para hacer fuego y encender una pipa de barro, la cual  se pasaban unos a otros  provocándoles  una fuerte tos y espasmos que nos ponían los pelos de punta, pero a los pocos minutos  tan felices, qué decir  tiene que nadie se atrevió a probar aquella  pipa misteriosa.

Sin duda fue uno de los mejores días del viaje.

Roberto F. García
http://www.travelphotozoom.blogspot.com/
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18 de Agosto de 2008, 18:30