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América => América Central y Caribe => Mensaje iniciado por: marsindbad en 22 de Abril de 2007, 21:02



Título: Carguero 3 (chismes) para sorteo
Publicado por: marsindbad en 22 de Abril de 2007, 21:02
 
Y tres días después de embarcar, estábamos en el océano. Tardamos unos 8 días en cruzarlo. Por las mañanas yo me dedicaba a oir El Quijote en MP3 mientras paseaba por cubierta. Es estupendo, porque tienes libres los ojos para ocuparte del mar. Y asi, sin mayor esfuerzo, me han leido el libro enterito. Mientras tanto yo descubría delfines, aunque no voy a mentir: no pasaron de 15.
 
La cuestión era buscar cada día, y a cada hora, el mejor sitio para instalarse. Factores a tener en cuenta: la temperatura, el sol y la sombra, las corrientes de aire, y los ruidos: de las máquinas (que no cambian), o de los contenedores (que estos sí que cambiaban después de cada puerto).
A proa no llegaba ni la vibración del barco ni los ruidos. Era mi sitio preferido. 
 
Por las tardes, siesta, lectura al aire libre, piscina.... Paseos por el barco.....
Después de cenar: proa, últimos rayos de sol, lectura, cartas a los amigos... (creo que he sido la única persona que ha entregado cartas al capitán para que las envíe; le sorprendió mucho, se enteró todo el barco).
 
Casi se me hizo corto cruzar el océano. No sabía en qué día vivía, ni falta. Con tal de no olvidarme de cambiar la hora cuando tocaba, había cumplido. Cinco noches tuvimos que retrasarla.
 
 
El horario de trabajo de la tripulación era de 8 a 12, y de 13 a 17. Con sus correspondientes paraditas. Lo curioso es que una vez que terminaban, nunca jamás vi a nadie en el exterior. Había unos cuantos que se pasaban todo el día encerrados en la sala de máquinas, con un calor y un ruido de espanto, y al acabar, se iban al camarote o al tugurio suyo ese. La biblioteca del barco era una caja de cerveza, llena de libracos; tampoco vi que se acercara nadie.
 
Algún europeo tomaba el sol de vez en cuando, pero nunca vi a un filipino aireándose, o en la piscina.
Lo que sí les gustaba a todos sin distinción, era beber como cosacos (o como corsarios...). Alguna vez intenté imaginar la cantidad de cajas de cerveza que debíamos de llevar en el barco, porque solamente con las que vi consumir yo.... llenaban un contenedor.
 
Claro que si a mi me extrañaba lo que hacían ellos, a saber lo que debían de pensar ellos de mi. Ha aterrizado una tiparraca estrafalaria, que se pega el día en proa, leyendo y leyendo, ¿no se le ha ocurrido otro sitio mejor para pasar las vacaciones? Además no bebe más que aguaaa. 
 
Nada más salir al océano tuvimos barbacoa. Esa noche colocaron una mesa en el exterior, bombillas de colorines por encima, y todo el mundo cenó allí. Claro que en la mesa no había sitio para todos... Tripulación de pie. Poco les importó, tenían un tonel lleno de latas de cerveza con la foto de una modelo en bikini: ¡barra libre! Y música disco.
Aún tuvimos un par de fiestas más. Otra barbacoa, que nos comimos un cerdo entero, y una de solo bebida y picoteo. 
E., el camarero, adoraba estas fiestas. Y eso que era el único que curraba, pendiente de nuestras bebidas y vigilando que lo pasáramos bien.
 
Mi teoría es que las organizan para prevenir motines. Los filipinos tienen contratos de 7 meses, y son capaces de no salir del barco en todo ese tiempo: hay que entretenerlos. En mis 5 semanas, solo un día bajaron algunos, no todos, a llamar por teléfono.
 
 
Resultaban unos marineros completamente atípicos. En realidad, mi única fuente de información eran las películas o las novelas: nada que ver. Me consolaba leyendo  La Isla del Tesoro, y las aventuras de Maqroll el Gaviero. Levantaba los ojos y me encontaba al "comando de pintores". Lo mismito. Desganados, pincel en mano, parcheando encima de pintura a punto de caerse: al día siguiente, no estaba ya ni la pintura antigua ni la nueva. Les queda todo un barco por pintar....
 
Trabajan 7 días por semana, 8 horas, excepto el domingo que a las 12 acaban. La tarde del sábado, su trabajo es limpiarse el camarote. Claro que en cuanto se llega a puerto, hay que ponerse a trabajar, sea el día o la hora que sea (son horas extra, no les importa).

Una vez cumplidos los 7 meses, tienen 3 de vacaciones, ¿¿pagados??. No sé. Después, vuelta a empezar en otro barco y otra ruta.
 
Cotilleo final, los motes de los filipinos eran: el pitufo (el más bajito), oso panda (era igual), el campesino (que luego se me duplicó y creía que había dos, y por diferenciar a uno le llamaba el campesino de ciudad: un lío, porque entonces me salían 13), los Budas (destinados ambos en la sala de máquinas): Buda 1º y Buda canoso, el peluche, el ingeniero, luna llena sonriente, y el pirata malayo.
Con el cocinero y el camarero no había confusión posible. A uno le cambié el mote por su nombre, ya que se tomó la molestia de presentarse. Además. siempre me daba los buenos días en español (ese fue precisamente su mote, buenos días), y se aprendió mi nombre con solo decírselo una vez. Los compañeros suizos no fueron capaces, y me dejaron reducida a María. Típico.
 
Todos los filipinos sabían algo de español, aunque lo utilizaban con cuentagotas. Al final, extrañada, pregunté. Lo aprendieron en el colegio. Así que tanto reirse los agentes de Barcelona, y los "chinos" fueron mi salvación. Que no tengais que hablar nunca en inglés con alemanes.
 
 
 
Continuará.