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Autor Tema: SIRIA 1 (Damasco)  (Leído 1186 veces)
0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.
marsindbad
Sr. Member
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Mensajes: 23



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« en: 23 de Junio de 2007, 02:02 »


La primera vez que pisé Damasco fue un viaje relámpago. Una escapada de fin de semana desde Líbano: solo dos días, pero suficiente para darme cuenta que yo necesitaba dos semanas, mínimo, para disfrutar de la ciudad. El zoco, la mezquita omeya, los palacios y caravanserais, las callejuelas... Los zumos de mango, shawarmas, helados.... Demasiado trabajo.

Dos años más tarde me decidí a volver, mínimo dos semanas, y localicé en Internet una agencia que ofrecía cursos de árabe o clases particulares, y alojamiento para estudiantes extranjeros. Empecé a mirar las fotografías de casas del barrio antiguo en las que se alquilaban habitaciones: patios de piedra con su fuente en el centro, balconadas de madera... No hizo falta seguir buscando.
Así fui a parar al barrio de Bab Tuma, a casa de una familia con varios hijos que por aquellas fechas andaban en periodo de exámenes (inmejorable ambiente de estudio). Nada más entrar vi que me había tocado patio con fuente. ¡Qué maravilla!

En realidad yo vivía a medio camino entre Bab Tuma y  Bab Sharqui (dos de las puertas de la muralla que rodea la ciudad vieja), en el barrio cristiano. Aunque me encontraba en el extremo opuesto al zoco Hamidiya, la distancia no era grande y el paseo a pie resultaba muy agradable.
En la calle principal del barrio, llena de comercios, suele haber mucha animación, mientras que las calles adyacentes son un remanso de paz. Es raro que los vehiculos circulen por ellas y orientarse resulta bastante fácil. Cada vez más estudiantes eligen esta zona como residencia.

El edificio donde me alojaba era grande, y con el tiempo deduje que vivían varias familias. Lo que nunca tuve muy claro era dónde vivía cada cual, porque todas las habitaciones que daban al patio (espacio común y de tránsito) parecían independientes, cada una con su cerradura.
A mi habitación, amplia y de techo alto (era evidente que conservaba su antigua estructura), también se accedía desde el patio. En la esquina opuesta tenía el baño y la cocina de los estudiantes.
Parece mentira la cantidad de problemillas domésticos que pueden surgir tan solo por cambiar de país. Cada mañana, misma función: ¿por qué la ducha no tenía plato? ¿qué pintaba allí una palangana en la que tampoco podía meterme a riesgo de partir en dos el pedestal, hueco y de plástico? Debieron de ser las legañas mañaneras las que me impidieron ver la solución al enigma.
Muy simpática la cocina: cada vez que me metía a preparar algo, aparecían en la ventana varios pares de ojos que me espiaban con curiosidad. Yo preparaba cantidades ingentes de arroz, y quizás las criaturas esperaban verme salir un día con una paella valenciana. En lugar de eso, más de una vez tuvieron que ir a pedir auxilio porque la extranjera no se aclaraba. ¡Angelitos!

A pesar de que la limpieza reinaba en la casa, la palabra “cucaracha” pasó a formar parte de mi vocabulario rápidamente (¿qué les impedia entrar desde la calle? ¿una puerta siempre entreabierta?). Lo completé aún más el día que en el zoco me picó una pulga (no me quejaré porque nunca miraba dónde me sentaba), y a toda costa quise fumigar mi habitación... y mi persona. El problema era que los campos semánticos no coincidían en español y árabe, allí se lo despachaban todo con la palabra “insecto”, y claro, yo solo conseguía que en las tiendas me sacaran el repelente de mosquitos. Menudas prácticas hice explicando que mi problema era de insectos saltarines y no voladores. Por suerte, y no me cansaré de repetirlo, la gente siempre tuvo una paciencia y amabilidad infinitas conmigo y acabé consiguiendo el dichoso matapulgas.


Nunca hubiese creído yo que existieran tantas divisiones y subdivisiones dentro del cristianismo. Y menos aún, que pudieran estar todas representadas en un espacio tan reducido. Todo el barrio estaba salpicado de templos y capillas de las más variadas confesiones: ortodoxos, armenios, católicos, maronitas... Daba miedo mirar el plano: monasterio sirio ortodoxo, iglesia armenia ortodoxa, patriarcado greco católico, convento franciscano, iglesia armenia católica.... ¡Alguna hasta tenía los carteles escritos en caracteres amharicos (etiopes)! Me hacían sentir muy ignorante. Menos mal que San Jorge, que es como de la familia, nunca fallaba y tenía su huequecito en todas partes.

Muy cerca de nuestra casa se encontraba la iglesia de san Ananías, un perfecto desconocido para mí cuando llegué a Damasco. Tras mi primera visita a la cripta-capilla, salí bien informada del relevante papel que jugó en la conversión de San Pablo. Porque es esta zona de la ciudad donde fue a parar el entonces Saulo, perseguidor de cristianos, después de caerse del caballo camino de Damasco. Hasta ahí la historia conocida. El resto tiene por escenario diferentes puntos del barrio: la milenaria calle Recta, donde Ananías devuelve la vista a un Saulo ciego y con los ojos cubiertos de escamas, o Bab Kissan (otra de las puertas de la muralla) desde donde lo descolgaron a media noche metido en una cesta, para que huyera de sus perseguidores.

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paulfox
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Mensajes: 39



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« Respuesta #1 en: 23 de Junio de 2007, 11:08 »

Hola Maria,

Como ya has escrito la mayoría de las historias para el actual sorteo hasta ahora, vas bien para el premio! Quería decirte que estamos trabajando en poner blogs personales y galerías de fotos en viajeria.com. Así que, por favor sigue escribiendo (que me encanta leer tus historias, y a los otros visitantes también - mucha gente lee tus palabras), y este verano espero que tengamos los blogs para que tengas un lugar mas personalizado para poner tus pensamientos. Muchas gracias por todas tus contribuciones a viajeria!

Un abrazo,
Paul
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marsindbad
Sr. Member
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Mensajes: 23



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« Respuesta #2 en: 25 de Junio de 2007, 23:16 »


Yo me esfuerzo por tener muchas participaciones para el sorteo, pero si vuelvo a ganar pensará la gente que hay tongo.
Lo de poder colgar fotos sería una idea estupenda.
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