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marsindbad
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« en: 20 de Mayo de 2007, 02:20 » |
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Camino de las Antillas tuvimos una avería, y fue necesario cambiar una pieza. Tres horas, me dijo E., que siempre se enteraba de todo. Pero al final fueron doce. Sudaron tinta en la sala de máquinas. Con semejante retraso, decidieron saltarse la escala de Guadalupe e ir directamente a Martinica.
Yo creo que esas decisiones las tomaba el capitán. Me recordaba a mi trabajo: el capitán es el que ordena y manda (como el director), pero el trabajo pesado se lo come el 1er. oficial (equivalente a nuestro jefe de servicio). Me parece que es así en todas partes.
Entre las atribuciones del capitán: él es el único que puede dar la orden de abandonar la nave. Guarda los pasaportes, recibe a policías y agentes, se ocupa de la tienda a bordo, da las instrucciones para las fiestas, sube con el piloto a supervisar las maniobras de entrada y salida del puerto... Cuando realizamos el ejercicio conjunto tripulación y pasajeros, de simulacro de emergencia, él nos vigilaba desde la 5ª planta y daba las órdenes a través de un walki talki. Y no se hacía nada sin su permiso. Sí que le vi un día en popa con un mono, como el de los tripulantes. Mono azul, teóricamente para trabajar en la sala de máquinas. También los hay amarillos y rojos. Los amarillos son para los asiáticos... me dijeron. Muy sutil. Su despacho estaba en la 4ª planta. Con mesa de trabajo, ordenador, sillones, mesita baja...Yo vi todo esto el último día, cuando fui a pagar los gastos de junio (ya os dije que los gastos de mayo los aboné el 31) y me invitó a pasar.
U. me preguntó un día si el capitán me había invitado a sus "dominios". Parece ser que es algo frecuente en los cargueros, tener ese detalle con los pasajeros. Respuesta negativa (gracias a Dios), porque nunca le entendía cuando hablaba y hubiera sido un suplicio tener que subir a tomarme un café con él. Bueno, la verdad es que aunque me hubiera invitado, yo no me habría enterado de lo que decía, ¡ja, ja! Pero no, no me invitó, ni me regaló nada. A E. en otro de sus viajes le regalaron una corbata muy bonita, y a U. una taza, de recuerdo. Yo, de recuerdo, solo me llevé unas manchas negras en la ropa. Eso sí, creo que no desaparecerán por mucho que las lave, y será un recuerdo para toda la vida.
Y puestos a comparar, viajaron en un carguero que según U. estaba más limpio que su propia casa. Y U. era pero que muy limpia, que yo llegué a verla recogiendo carbonilla del suelo con un kleenex. Tanta limpieza, no era el caso del Marfret. Ni falta que hacía, porque con la excusa de las manchas de grasa, yo aprovechaba para ponerme esos pantalones africanos cómodísimos y de muuuchos colores que compré Mali, pero que en España nunca utilizo porque no me atrevo salir a la calle de esa guisa. Resultaron ser una maravilla, porque camuflaban las manchas de todos los colores: negras de grasa, blancas de sal, amarillas y grises de pintura.....
Y mala señal para los turistas: apareció el cartelito de adelantar la hora. Pasado el ecuador del viaje y rumbo a Europa, ¡qué cortos se nos hicieron los 8 días que tardamos en cruzar el Atlántico de nuevo!
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