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Eva - Podeis leer el resto de la historia de este viaje y otros en
LosviajesdeevaMarruecos es un país de marcados contrastes. Las autoridades se afanan mediante diversas campañas en seducir a los conductores para que no hablen por el móvil mientras conducen, pero la realidad demuestra que los marroquíes no saben todavía para que sirve un semáforo o viajan hasta ocho personas en un mismo vehículo.
El Ramadán es por una parte el acontecimiento religioso del año, dotado de gran sobriedad en el cumplimiento de sus preceptos como el ayuno diurno o la asistencia en masa a las mezquitas a la hora del rezo; pero por otra es sujeto de una gran frivolización. Así es posible ver anuncios de un supermercado que lanza sus “espléndidas ofertas del mes sagrado” o de una cámara de fotos con “precio de lanzamiento especial Ramadán”; comerciantes de alfombras que aseguran tener mejores precios “especial primer día de Ramadán” o aquel que sin reparos hace el siguiente chiste: “Por favor, entra en mi tienda. Que aquí no nos comemos a nadie. ¡¡No ves que estamos en Ramadán!!; o locutoras de informativos en castellano que muestran un largo reportaje sobre las virtudes del Ramadán para las marroquíes que quieran adelgazar.
El contraste entre la opulencia y la extrema pobreza –que no miseria- es el más fácil de identificar para aquellos que visiten la mezquita Hassan II de Casablanca y a continuación vaguen por los pueblos del sur de Marrakech, apenas sin asfaltar... Mas en
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