¡Reserva tu viaje a la Patagonia ya!Nos prestaron una mochila para llevar los crampones que íbamos a usar en cuanto llegamos al hielo, y guantes también porque el hielo es tan duro que es como vidrio molino, y si te caes, te cortas las manos sin guantes. Empezamos el viaje, sin saber que nos quedaba una hora de trekking para llegar al hielo. Empezamos la ruta subiendo por un bosque denso, el sendero lleno de rocas y mojado. Subimos con cuidado, pero bien rápido. Diría mas rápido que he ido nunca – y eso que he hecho bastante el trekking en California, Tejas, el Norte de Cataluña. Pero los guías están en buena forma física, por supuesto, y nos exigieron mucho. Pasamos por una catarata preciosa (ve las fotos), y de vez en cuando salimos del bosque a vistas preciosas del glaciar. Paramos una o dos veces para disfrutar un momento breve del paisaje, respirando y traspirando profundamente.
Llegamos al hielo por fin, y nos sentamos a ponernos los crampones. Allí nos separaron en dos grupos, un grupo de hablante españoles, y otro de hablante ingleses. Eso sí, el grupo de hablante español fueron todos de Barcelona y el otro grupo de casi todos norte americanos (y una pareja holandesa). Como yo soy norte americano y mi esposa argentina, fuimos con el grupo de americanos para variar (vivimos en Barcelona). Eso dio una ventaja a mi esposa Marime – una de los guías no habló inglés muy bien y se quedó con ella explicando cosas sobre el paisaje, mientras el guía de adelante se fue con todo rumbo, casi sin comentar nada. Y fue curioso, porque el guía principal nos explicó con toda seriedad, lo peligroso de la caminata; como tuvimos que caminar con los crampones y quedarnos en una línea recta y compacta para evitar las grietas sin fondo y los ríos pequeños que corren por todos lados. Y en verano como era, el hielo va siempre cambiando, con el agua abriendo nuevas grietas y pozos profundísimos. Pero después de aquel discurso, el guía se fue adelante a todo velocidad, abriendo un espacio de cuarto kilómetro en el grupo por su estado de forma, y el hecho de que sus crampones eran de aluminio y hechos a medida, mientras los nuestros eran de acero y nosotros bastante torpes con ellos puestos.
Como ya he dicho antes, esperábamos una caminata más liviana, mas un paseo por el hielo que un trekking, pero la realidad fue muy distinta a nuestras expectativas. El terreno es como una pista de esquí (aunque mas plano) con muchas colinitas. Pero estas colinitas son de 3 o 4 metros y muy inclinadas, hechas por la compactación del hielo cuando se mueve el glaciar, y vas subiendo y bajando por ellas todo el día. El paisaje es como otro mundo, con arena, tierra, y muchas rocas caídas en el hielo de las montañas de alrededor, sopladas por el famoso viento Patagónico. El agua corre abajo el hielo en partes, y es de un color azul celeste, que nuestro guía explico es el único color que no absorba el hielo. Me rió un poco la guía por tener miedo del hielo azul, pero la verdad es que sin experiencia, no conoces la diferencia entre un charco y un pozo mas profundo y ¡por supuesto vas a tener un poco de miedo! Las rocas se hunden en el hielo por su temperatura mayor gracias a los fuertes rayos solares. En el hielo, vive una criatura sola, un gusano cuyas sangre contiene una especie de alcohol que le deja sobrevivir las temperaturas heladas. El bichito tiene la sangre tan fría que si lo toques, se muere en el instante por el choque del cambio de temperatura.
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