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Autor Tema: Trípoli 4 (y Beirut)  (Leído 743 veces)
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marsindbad
Sr. Member
****
Mensajes: 23



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« en: 21 de Junio de 2007, 01:12 »


Después de mucho callejear bajo un sol de justicia, conseguí encontrar el centro de la ciudad. Una vez allí, no me cupo ninguna duda de que por fin había llegado. Miraba hacia arriba y los edificios quitaban el hipo. Empecé a entender eso de la Suiza de Oriente Medio. Y me quedó claro dónde se invierte el dinero en Beirut.
Con semejante calor y en domingo, solo había una chiflada paseando por allí: esa era yo. Finalmente apareció la zona de las terrazas, las tiendas y la gente, y entonces pude tomarme un respiro.
Recorrí una calle en la que se exponían paneles enormes, con textos y fotografías que reflejaban las consecuencias de la guerra en Beirut. Para caerse el alma a los pies, especialmente porque a pesar del tiempo transcurrido, todavía es fácil encontrar en algunos barrios de la ciudad esas mismas imágenes: edificios con las fachadas destruidas, con agujeros de todos los tamaños a través de los cuales puede verse gente... ¿los habitantes actuales?

También en Trípoli dejó su huella la guerra. En los alrededores de la plaza del Tall se encontraban unos edificios antiguos, muy bonitos, pero completamente en ruinas. El estado de abandono era tal, que parecía milagroso que siguieran en pie.
Pero cuando regresé a Trípoli esta primavera, me llamó la atención que uno de ellos tenía la fachada totalmente restaurada y además, recién pintada. ¡Menuda sorpresa! Ya iba siendo hora, me dije.
La verdad es que me alegró tanto ver como el edificio había recuperado su antiguo aspecto, que me precipité sacando conclusiones demasiado optimistas: para  mi era evidente que una restauración se lleva a cabo solo cuando hay perspectivas de una cierta calma (vamos, que nadie gasta tiempo y dinero en restaurar si cree que van a bombardear al día siguiente). ¡ERROR! No había terminado de aterrizar en España, cuando veo una foto de Trípoli en la portada de un periódico: esta vez se trataba de bombardeos y enfrentamientos en el campamento de refugiados palestinos. Asunto que a día de hoy, y a pesar de que ya no lo veo en los informativos, sigue sin resolverse.

Reconozco que no entiendo en absoluto la complicada situación política del Líbano. Tampoco son muy explícitos mis amigos libaneses. Hemos disfrutado de largas sobremesas en la terraza de su casa charlando sobre lo humano y lo divino, pero siempre pasan de puntillas sobre este tema. Más que aclararme las dudas, ellos también se plantean mil y una preguntas sobre el incierto futuro del país y los intereses que se ocultan detrás de todo lo que ocurre.

En esta última visita, no podía dejar de preguntarles por el verano pasado. Trípoli está bastante al norte, lejos de la frontera con Israel, pero yo sabía que el puerto no se libró de los bombardeos. Pusieron cara de resignación. “Ya pasó, para qué preocuparse” parecían querer decir, y empezaron a preguntar por España, la familia y los amigos comunes.
Los narguiles siguieron pasando de mano en mano durante horas, y surgió el tema del tabaco y sus efectos nocivos para la salud. Alguien había oído por ahí que un narguile equivale a fumarse una cajetilla, pero otros se lo discutían: solo media.
A las fumadoras (en esta casa solo fuman mujeres), no pareció preocuparles mucho. Está claro que los hipotéticos peligros del narguile quedan empequeñecidos si se  comparan con los problemas de cada día.

Precisamente fue en una de tantas tardes de café y narguile, cuando me contaron que la afición por estas pipas les venía de los tiempos de la universidad, o mejor dicho, de los tiempos de la guerra, cuando dejaron de ir a la universidad y tuvieron que encerrarse en casa a esperar (esperar noticias, esperar que cesase un bombardeo, esperar el fin de la guerra....). Supongo que el narguile les ayudaba a pasar el tiempo y calmar los nervios.





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21 de Agosto de 2008, 07:21