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Autor Tema: VIAJE EN CARGUERO (para el sorteo)  (Leído 951 veces)
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marsindbad
Sr. Member
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Mensajes: 23



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« en: 21 de Abril de 2007, 22:56 »


Bueno, por "solo" 50 euros no escribo nada nuevo. Estas son las cartas que envié el verano pasado a mis amigos, al volver de un viaje de 5 semanas en carguero. El itinerario: de España al Caribe, 15 días de reparto de contenedores por allí, y vuelta a España.


Hola:

Ya estoy de vuelta a tierra, o a la Tierra, porque a ratos tengo la sensación de haber regresado del espacio exterior. Floto y no tengo reflejos, como los astronautas que pasan largas temporadas en las naves.
Vengo desinformada, y con poco interés por informarme: ¿es normal que llegue a casa a las tres de la tarde y a las cuatro juegue España su 1er. partido del Mundial? Eso es una crueldad. Claro que ya venía avisada, porque en el barco nos colgaban puntualmente los resultados en el tablón del comedor.

Y es que es tan fácil acostumbrarse a la buena vida, a la de los ricos: a no dar un palo al agua en todo el día, a no tener obligaciones, vivir sin llave y sin dinero, sentarse a mesa puesta, decidir en cada momento ¿qué me apetece hacer ahora? Leo, no leo, cambio de libro, siesta a las once, a las cuatro, piscina sí, o no, o luego.....
Pues así, cinco semanas.

Para quien se quedara con la preocupación, empiezo diciendo que el viaje no se me ha hecho nada largo. Más bien al contrario, podía haber dado otra vueltecita.

Libros tenía más que de sobra. Me lleve la Biblioteca de Alejandría, y no he leido ni la tercera parte. Para más datos, los profundos y sesudos libros sobre Historia, el Pentateuco, ensayos..... no los toqué. Es gracioso, prefería leer La Isla del tesoro y novelillas de medio pelo.
La cuestión es que si leía en el camarote me dormía, y si leía fuera, me desconcentraba mirando el océano. Vigilancia de la fauna oceánica. Así que me dedicaba a leer cositas entretenidas. Temas marinos...
De todas formas, leía más que toda la tripulación junta.
Me salvó el dichoso MP3, donde llevaba grabado El Quijote y algo de música.
Así podía "leer" y mirar a la vez.


Lo gracioso de este viaje es que nada ha sido como yo me imaginaba antes de salir. Mi única referencia era aquel otro viaje por el sur de Chile, hace trece años, en un barco ro-ro cargado de camiones. Duró 4 días, tuvimos una tormenta de campanillas, y me pasé casi todo el tiempo arriba, en el puente, incordiando al piloto (fuera hacía un frío de muerte, y como la tripulación hablaba español....).

Esta vez, en 37 días, ni una tormenta. Sol, buen tiempo... Yo cada día más extrañada. Así que me trasladé a proa, donde no llegan la vibración ni los ruidos de la sala de máquinas. Me pasaba todo el día allí. Buscaba el asiento más agradable (sombra sin corriente de aire) y a leer o a mirar las olas. Subí al puente la última semana, solo por poder decir que había estado. ¿Qué se me había perdido en esa pecera acristalada?

Lo de la sensación de infinito en medio de la nada, tampoco. Debe de ser un mito.
Quizás en una balsa de naúfrago se vea el horizonte muy lejano, pero en un carguero de toda confianza... el horizonte está a la misma distancia que lo veo en Peñíscola. Los días con olas y espuma, sí que daba un poco más de sensación de perspectiva. Pero poca.

Tampoco tiene el Atlántico los azules que rodean la Isla de Pascua. Es muy gris. Y nada parecido a los colores literarios del otro viaje: en Chile, los grises y morados eran puro Lovecraft.
Y es que en este viaje la literatura tenía que traerla cada cual en su maleta. Porque si hablamos de la tripulación......


Vale, antes de criticarles, vaya por delante que soy una vulgar turista, que me he pegado unas vacaciones de miedo rodeada de gente que curra los 7 días de la semana, y el lunes siguiente, vuelta a empezar. Hasta siete meses, sin un miserable festivo.

Que me bañaba en una piscina con unas vibraciones divertidísimas, las mismas que aguantaban durante 8 horas al día unos cuantos tripulantes en la sala de máquinas, justo al otro lado de la pared. Sí, esos que comían en el comedor cutre, que a mi me parecía tan simpático y acogedor (más que el mío, el de los oficiales).
Pero no hay que engañarse, si yo comía en el "elegante" comedor de oficiales, donde me creía que no pegaba ni con cola, es porque pagué una cantidad que a cualquier filipino le parecería astronómica. Tres meses de su sueldo. Vamos, lo que ninguno se gastaría en unas vacaciones de capricho.
Pagué, luego "ese" era mi sitio.

Y todo esto viene a cuento de que los marineros no eran tan novelescos como yo suponía. Dejando de lado la indumentaria, que era de obrero de fábrica, NO les gustaba el mar.

A mi me extrañaba que después del trabajo, nadie se acercara a proa. A esa hora del día, era como un paraíso: solecillo y silencio, y las olas meciendo el barco. Yo en cuanto acababa  de cenar, salía disparada. Jamás vi a nadie.
Pero es que no se daban ni una vuelta por cubierta, no se asomaban a mirar el mar. ¡No bajaban en los puertos!

Pues para pegarte el día encerrado en el sotano, o pintando por cubierta, te quedas en tu casa y haces lo mismo. Sí, pero en Filipinas el sueldo no es el mismo, me hicieron notar. Ni las condiciones de trabajo de la empresa.....
Así que ahí estaban todos embarcados, contando las vueltas que les quedaban.

Los alemanes podían aproximarse un poco más a lo que una ignorante espera de un marinero. Un par de ellos sí que bajaban a tierra a beber cerveza, pasaban del uniforme de trabajo, tenían alguna novia por los puertos...... Le echaban un poco más de morro.

Los filipinos parecían unos benditos. Supongo que los elegían con pinta de no dar problemas, porque los tenían trabajando con compañeros que seguro que cobraban sueldos europeos.... y no protestaban. 
Eran 12 los filipinos: mayoría. Todos decían algo en español, especialmente en las fiestas donde la cerveza corría..... Fiestas que estoy convencida de que se las organizan para tenerlos contentos y evitar motines. Que 7 meses son muchos meses para no salir de un barco. Y 12 tripulantes de 19 un porcentaje muy elevado.

Y ese era el único punto del guión que se cumplía: todo el mundo bebía tanto alcohol como cualquier pirata de novela. Como esponjas, y no se emborrachaban. Y encima les venía el don de lenguas.  "Señorita, a bailar". (No tuvieron suerte. ¡Lo que me faltaba ya!).
Porque esa es otra: mi guía (Guía de Viajes en buques de carga de H. Verlomme) avisaba de casi todo, menos de las fiestas y barbacoas. A veces aquello parecía un crucero. Bueno, hablo por hablar, que nunca he estado en uno.

Antes de embarcar, más de una persona me comparó la paz y tranquilidad que esperaba yo encontrar en el barco, con el ambiente de un monasterio. Lecturas, soledad....
Nunca he estado 5 semanas en un monasterio, y seguro que no son lo que parecen, pero después de pasar ese tiempo en el Marfret, creo que hay ciertas diferencias.... También parecidos. Pero diferencias.


Por suerte, había 2 pasajeros más: una pareja suiza que hablaba alemán. Ella sabía francés y él algo de inglés. Así que yo les echaba una mano cuando bajábamos a tierra en el Caribe, y ellos me traducían en el barco las instrucciones e información. Imposible enteder a los alemanes hablando inglés. ¡Qué suplicio!
Entre nosotros tres, es evidente que hablábamos por turnos.
Si llego a estar sola me da un mal pelo, cada vez que el capitán abría la boca yo me quedaba a dos velas. Y me entraba el agobio por tener que hacerle repetir.

Y una vez cruzado el océano, las paraditas por el Caribe. Unas de día entero, otras más breves. Cada puerto, distinto. Unos con grúas enormes, otros con obreros por los aires; semivacíos o con un tráfico infernal; trabajadores con casco o sin él... Variado. Para entretenerse.

Pero los detalles para otro día. Llegarán más cartas.
De momento, pequeño resumen del viaje.
Y para que os entereis, me ha ido muy bien, y lo he pasado estupendamente. Y si llego a entender el idioma, hubiera aprendido 100 veces más..., pero aún así me he enterado de muchas cosas (entre otras, que me gusta navegar y que no hay dos viajes iguales).
No seais envidiosos: apuntaos el año que viene a un carguero, y disfrutad de un viaje como el mío. 

Se despide:

Mari Nerita (diplomada)








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« Última modificación: 21 de Abril de 2007, 23:04 por marsindbad » En línea
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