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Autor Tema: carguero 6 (en ruta)  (Leído 1150 veces)
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marsindbad
Sr. Member
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« en: 24 de Abril de 2007, 00:10 »


A mi Guadalupe me recordaba mucho a Cuba. La observación no era demasiado aguda, teniendo en cuenta que el único país del Caribe que había visitado yo hasta entonces era.... Cuba, precisamente.
Pero es que todos los yayos parecían miembros de la Vieja Troba Santiaguera. Tan parsimoniosos...

Disponíamos de casi todo el día libre. Pero desde primera hora de la mañana el calor fue horroroso, y a mediodía todo el mundo dio la visita por finalizada. No será necesario aclarar que fue una expedición de solo europeos: pasajeros y tripulantes, pero europeos nada más.

Recuerdo Pointe à Pitre como una ciudad turístico-hippiosa. Dos mercados se merecían una visita sin prisas: el de especias, que olían con una intensidad desconocida en España, y el de frutas, junto a la bahía, dentro de una especie de jaula abarrotada de gente, de puestecillos, y de frutas exóticas.
También se vendía pescado en unas barquitas junto al muelle. Y más allá había un mercado de artesanía. Con solo cruzar la calle, una plaza que se llenó de estudiantes al acercarse la hora de comer. Era una zona francamente animada.
Para no perderse detalle, lo mejor era la terracita de la esquina. Allí me encontré a los dos marineros del Marfret, ocupados en agotar las reservas de cerveza del local. Serían las 9,30 y me invitaban por si quería tomarme una. No, no, gracias. Cuando pasé horas después, seguían, dos mesas más allí, disfrutando del sol y de sus inseparables jarras de cerveza. Eran los únicos tripulantes que tenían costumbre de bajar a tierra.



Día siguiente: Martinica. Caían chuzos de punta cuando llegamos.
Fort de France tenía una biblioteca preciosa, una iglesia bastante original, un fuerte junto al mar (como casi todas las ciudades que visitamos), y una cuadrícula de calles en la que nunca supe orientarme, (culpa de una franquicia de bocatas, que tenía varios locales muy parecidos en diferentes lugares, y me pasaba como con los filichinos, que los confundía, y se me giraba el plano 90º).

Localicé una tienda de cómics, (franquicia también), y me compré uno que es la monda, porque hace la burla de Bush y Bin Laden (que al final resultan ser hermanos), y de todos los que les rodean. Se lo presto a quien quiera leer el diario íntimo de la mujer de Bin Laden, porque de eso se trata. En francés.

Luego me dediqué a investigar en las librerías esotéricas, que son tremendas. Las mismas mercancias que en esos locutorios-bazar que empiezan a proliferar por aquí.
Me metí en una droguería, porque vi en el escaparate un facsímil de no recuerdo qué libro con aire misterioso. Algo sobre magia... Dentro, cada bote de insecticida estaba encomendado a un santo: San Jorge, que me lo encuentro en todos los viajes, Santa Rita, San , San , San..... Y velas, por supuesto, también para todos los gustos y devociones.

De allí pasé a una autodenominada librería esotérica, aunque era bastante más. Entré y las primeras estanterías estaban llenas de libros de religión nada heterodoxos. A continuación la angeología... Y por fin, los libros que descubrían al lector las claves del éxito en la vida, los de cristales, santería, reiki, numerología.... No muy distintos de los nuestros. Bueno, faltaba Paulo Coelho, al que sí veía en las papelerías.....
Al lado, por solo 8 euros, unas oraciones o conjuros para las diferentes necesidades: trabajo, dinero, salud, amor.... Nada, un papelillo con el texto e instrucciones, dentro de una funda de plástico no muy lustrosa.
No se admitían devoluciones (vete tú a comprar un conjuro de 2ª mano, eso nunca puede funcionar), y tampoco estaba permitido leerse allí los libros.
Para completar, figuritas horrorosas de santos, y cuadros tan horteras como esos de La Meca con despertador y ramito de rosas que venden en Oriente Medio.

Un par de escaparates más allá, otra librería esotérica. Como el rayo, me meto dentro. Primera estantería, ¡Kabala!. Uyyyyy.... Y en lo primero que me fijo... en lo más gordo que hay: un Zohar completo. ¡Lo que no había visto en la vida en España, estaba ahí, delante de mis narices, en una isla diminuta del Caribe! 
Una vez recuperada sigo mirando... Blavatsky, Guénon.... más kábala.
Veo un libro titulado "Kábala extática y Tseruf" que hace saltar todas mis alarmas. Con razón además, porque en la contraportada nombra a Abraham Abulafia. Lo hojeo, y explica con todo detalle los métodos que empleaba nuestro paisano. Increíble: lo compro sin dudar. Bueno, sí que estuve media hora comparando los dos ejemplares que había, de diferentes ediciones, a ver si la última estaba ampliada o recortada respecto de la otra.



Aún volvimos otra vez a Martinica: última parada antes de regresar a Europa. Fue el día de las compras. ¡Qué dificultades! La artesanía estaba totalmente orientada al cutreturismo . Los bolis, imanes, toallas con el mapa de la isla, mantelillos plastificados....., el ron...., el uniforme de la mamita de Escarlata O´Hara..... no me convencían.
Di vueltas hasta aburrirme. En vano.
Bueno, tiendas curiosas vi unas cuantas: La Maison du Dueil (todo para el duelo), la tienda de los rastas (con billetes etíopes pegados al cristal,claro), los bazares religiosos, el kiosko de los zumos con telepredicador incluido...

Encontré un perfume de naranja y canela, muy evocador...... que a mi madre no le ha gustado nada. Y compré especias empaquetadas para turista.
También fui a por cómics para distraerme en el viaje de vuelta. Uno que hace burla de las sectas. Muy oportuno. Y otro más, sobre la verdadera historia de Los Protocolos de los Sabios de Sión. Es de Will Eisner. También los presto.

¿Regalos para vosotros?.... Nada. Lo siento. Ha sido un viaje baratísimo.

Volví al barco con la mochila llena de mangos y zumos tropicales del supermercado. Al llegar a España, una buena parte seguían intactos en la nevera. Una turista comiendo raciones de trabajador...... no necesita suplementos. Ni aunque cene a las 5,30 y se acueste pasada la medianoche.












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