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marsindbad
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« en: 20 de Mayo de 2007, 01:32 » |
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Seguimos ruta.
De las Antillas zarpamos rumbo a San Juan de Puerto Rico, EEUU, (la odiosa escala, que tantos quebraderos de cabeza me había dado).
Ya en Barcelona, lo primero que me pidió el capitán nada más embarcar fue: el pasaporte, el comprobante de la vacuna de la fiebre amarilla, y... el VISADO DE ESTADOS UNIDOS. Si faltaba cualquiera de estos documentos, te quedabas en tierra.
¡Los agobios que pasé por culpa del dichoso visado, mientras esperaba el día de la entrevista en la embajada de Madrid! Porque encima te hacen ir en persona, a la calle Serrano, y tú te crees que es para interrogarte a fondo, pero solo les interesan tus huellas dactilares. Lo malo es que te pegas dos semanitas que hasta sueñas con ellos. La documentación que piden es una lista de nunca acabar. Los cuestionarios para rellenar en Internet, alucinantes: te preguntan si eres proxeneta, y a renglón seguido si te has matriculado en algún centro educativo de EEUU y te has ido sin pagar (podeis consultar en su página web: embusa). Y para rematar, los agoreros pronosticaban que una adicta a hacer turismo en el Eje del Mal, nunca obtendría ese visado. Yo estaba negra, y sufriendo porque veía peligrar todo el viaje por culpa del excesivo celo de un funcionario, o por un chivatazo de la CIA..... Pero me lo concedieron sin problemas, y para 10 años. No tengo pinta sospechosa.
Llegamos a San Juan muy temprano, así que, una vez vista y fotografiada la entrada al puerto, nos dio tiempo de volver a la cama. Hasta que sonó el teléfono para que nos presentáramos en la 4ª. No me extraña, con todo lo que les pasa, que los americanos estén un poco paranoicos. Esta fue la única vez que la policía quiso vernos a todos, uno por uno, para comprobar quién iba a bordo. El "control face" que decían los tripulantes, y que debe de ser bastante habitual en este puerto. Hala, todos en masa a la salita del capitán. No cabíamos. Y eso que para controlar a los filipinos que eran como fotocopias...... Yo creo que con enviar media docenita y hacerlos pasar varias veces, podría colar.
Al final ocurrió lo que me imaginaba. Después de tantas molestias para conseguir el visado: horas invertidas, dinero, y sustos..., una vez allí, no pude ni disfrutarlo. Aquella fue la visita más rápida de todo el viaje: ni media hora en la ciudad. Teóricamente disponíamos de dos horas libres........ pero el tiempo se evaporó. El taxi ni apareció por el muelle. "Estará fuera porque no tiene autorización"... Si alguna vez estuvo fuera, se hartó de esperarnos. Nada. Ni un alma. Sol y más sol. A pedir auxilio. Un tipo nos llevó en su coche a una parada de taxis de camuflaje, y por fin conseguimos poner rumbo a la ciudad. Con un chófer bastante curioso, que luego no volvió a tiempo para recogernos.... Al final acabamos en otro taxi, y en el muelle equivocado. ¿Dónde estaba nuestro barco?.
Ya lo sentimos, tener que irnos con tanta prisa y sin ver nada, pero con los días me di cuenta de que todas las ciudades que visitábamos se parecían mucho. Centro histórico de estilo colonial, fuerte de tiempos de los españoles, catedral... Lógico, íbamos de puerto en puerto.... eran como calcos. Y la verdad es que vista Cartagena, las demás son sus hermanitas feas.
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