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La Ruta de la seda era una red de rutas comerciales entre Asia y Europa que se extendía desde Xi'an en China, Antioquía en Siria y Estambul, Turquía, a las puertas de Europa.Una de las ciudades-oasis, parada obligatoria de las caravanas, era Kashgar, situada estrategicamente en la cuenca del Tarim. En sus mercados se podian escuchar muchas lenguas y se podian ver personas de distintas razas – africanos, semitas, turcos, indios, chinos, tibetanos y mongoles -. Todos ellos practicaban distintas religiones: maniqueismo, judaísmo, zoroastrismo, islamismo, cristianismo, nestoriano, chamanismo y sobre todo, budismo. Actualmente rebautizada como Xinjiang, la zona está habitada por los uigures, uno de los pueblos turcos que viven en la parte oeste de China. Esta región formaba parte del antiguo Turquestan que limitaba desde el mar Caspio hasta el desierto del Gobi.
Su idioma es una variante del turco y su religión es el Islam. El censo publicado en el año 2000 estimaba que sólo en Xinjiang viven 8400000 uigures, aunque también se pueden encontrar en el Kyrgyzstan, Kazhastan y Uzbekistán (
http://tajikistanvisa.land.ru/ carta de invitacion para Tajikistan, Kyrgizstan etc. a 12 euros).Si visitas Kashgar verás dos ciudades en una: la ciudad Uigur con sus callejuelas y casas bajas dispuestas alrededor de la mezquita de Id Kah y la ciudad china, con amplias avenidas y edificios de varias plantas.Ver Kashgar es ver un choque de civilizaciones, sus habitantes no se mezclan entre sí y tan sólo hay que cruzar una calle para pasar de un mundo al otro, del siglo XV al siglo XXI. La culpa es de los chinos, que han llegado y han impuesto su cultura y marginado a los uigures. Estos han luchado por su independencia y han sido fuertemente reprimidos. Moverse por Kashgar es cruzar calles y avenidas de cuatro carriles, perderse entre letreros comerciales y esquivar motos eléctricas. Esto si estas en la ciudad china. Moverse por Kashgar es pasear tranquilamente por las estrechas calles, amparados por casas de planta baja, oler especias, frutas y el olor a cordero a la brasa y pan caliente, esquivar carros tirados por asnos. Esto si estas en la ciudad Uigur.
Osh Osh es la segunda ciudad más grande de Kyrgyzstan. Con una antigüedad de más de 2.500 años, sus habitantes presumen que su ciudad es mas antigua que Roma. Varias leyendas atribuyen su fundación a Alejandro Magno e incluso a Salomón. Sea como sea, su posicion estrategica en un cruce de caminos en medio de antiguas rutas comerciales, garantizan su existencia a lo largo de los años. Su mercado se alarga casi un kilómetro junto al río, en el mismo lugar que hace más de dos mil años los mercaderes provenientes de Asia y Europa intercambiaban seda, jade, especias y, no hay que olvidar, cultura y religión. Fue así como el cristianismo llegó a Asia, el budismo se extendio de la India a China y el Islam hacia Asia Central.El mercado que ahora paseamos se organiza siguiendo las antiguas estructuras, en forma gremial. Entramos por una portalada siguiendo el olor de las especias, que siempre nos atraen. Dentro se extienden decenas de puestos de verdura y más allá, las sandías y los melones mas grandes que nunca hemos visto. Hay ropa y calzado, carros con mantas donde se exponen los panes redondos, plásticos y ollas. Comida preparada en forma de vinagretas, huevos, frutos y frutas secas y mucha uva, es la temporada.La gente nos mira con extrañeza, se nota que por aquí no pasan muchos turistas. Pero son simpáticos y agradables. Se dejan hacer fotos contentos, y aún más cuando se las mostramos. Unas mujeres tienen unos cubos llenos hasta arriba de algo que parece nata, quizás lo es, pero no nos atrevemos a probarlo, no sea que tengamos que pasar una mala noche.Paseamos y nos perdemos por el mercado hasta el anochecer, momento en que decidimos ir a cenar, ya que desde el desayuno no hemos comido nada.Cenamos en un restaurante de la calle Prospect Kyrgyzstana, una de las calles principales, cerca del mercado. Allí hay varios restaurantes donde ofrecen carne de pollo y cordero en brocheta, pan y arroz y otros platos en un agradable ambiente local.