Escrita por marsindbad
Trípoli me gustaba mucho, pero en cuanto llegó el domingo aproveché la ocasión para ir a Beirut.
Desde la plaza del Tall salen costantemente autobuses hacia allí. Muy cerca del puesto de falafel (aviso: es difícil probar uno más rico que éste), unos tipos repiten la letanía beirutbeirutbeirutbeirut intentando captar clientes. Así que te acercas y ellos te buscan acomodo.
Pero yo solo llevaba tres días en Líbano, y aún no sabía lo fácil que es llegar a cualquier lugar solo con la ayuda de la gente. Me imaginé perdida, dando vueltas por todo el país en un autobús rodeada de extraños, y opté por rascarme el bolsillo e ir en taxi. Confiaba en que de este modo estaría mejor vigilada. ¡Error! Vigilada sí que estuve, pero desde luego no fue mejor.
Los taxis son colectivos y salen cuando se llenan, pero uno puede pagar por los cuatro pasajeros e irse, como hice yo cuando me harté de esperar.
Durante todo el trayecto la autovía discurre cerca del mar. Quizás favorecido por el clima mediterráneo, ladrillo y cemento crecen con la misma facilidad que en nuestras costas. El país es pequeño y no hay demasiados kilómetros disponibles, así que hay que construir bien apretado. Pasamos junto a varias localidades costeras, y a unos 40 km. de Beirut, nos encontramos con Biblos: este sí es un pueblo bonito (al menos la parte antigua).
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