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Viaje sorpresa a Barcelona, y aunque el motivo que me llevó a Barcelona no era precisamente agradable, una vez allí sí que me vi agradablemente sorprendida... Nada más pisar la calle me encuentro colgando de una farola a Fontcuberta que surfea a lomos de un delfín ataviado como un pope. Lo reconozco porque fue profesor mío de fotografía hace muchos, muchos años, y además tengo noticias de su faceta milagrera. A su derecha, un pez colorado que no tengo muy claro si es obra suya o no. La exposición, que nadie debería perderse (¡es genial!), estará en el Palacio de la Virreina, Ramblas, 99, hasta el 8 de febrero: De facto. Joan Fontcuberta 1982-2008.
Por eso de que fue mi profe, sí que le he seguido un poco la pista durante estos años: he visto alguna exposición y leí "El beso de Judas". Pero esta macro exposición me ha impresionado, ¡menuda capacidad de trabajo! Ya sé que 26 años son muchos años, pero si tuviera que dar yo cuenta de mi actividad durante el mismo tiempo... ¡qué vergüenza! La exposición reúne fotografías pertenecientes a 18 proyectos. Algunos son divertidísimos, como esas historias que inventa y presenta muy bien documentadas, con pruebas tan "irrebatibles" como fotografías. Esos "montajes" son una delicia, y mira que lo sé, pero siempre me hace dudar si será cierto o se lo ha inventado. Y dos de esos proyectos son muy viajeros: Sputnik y Karelia milagros&co. El primero recupera la memoria del cosmonauta ruso Iván Istochnikov, desaparecido en órbita durante una misión espacial, y al que las autoridades rusas hicieron desaparecer también de la historia oficial (y no por tratarse de un Expediente X, sino por la vergüenza de perder un astronauta en el espacio sideral). Fotografías del desaparecido (de gran parecido con el fotógrafo, je, je), uniformes, maquetas, el mensaje que dejó en una botella... El segundo nos caerca a la milagrología interconfesional que se imparte en Valhamönde, Karelia finlandesa. Yo siempre os digo que los cursos son una buena excusa para viajar, y esto francamente es casi un master, ¡un doctorado! Hasta allí se desplazó el fotógrafo, y como alumno ejemplar se ejercitó en los más variopintos, espectaculares y rocambolescos milagros que la mente ¿humana? pueda imaginar. Una completísima serie de autorretratos en pleno éxtasis místico. Mi preferido es el milagro Carroll Lewis, pero hay que verlos todos. Podéis encontrarlo en Internet y reíros un rato, pero hay que leerse también los textos, porque si no, pierde gracia. Un proyecto paisajístico bien extraño: la montaña sin salir de la ciudad. Perfiles de montañas dibujados a partir de llaves: dientes convertidos en cimas y llaves en cordilleras. Difícil de explicar: mejor verlo. Las llaves nos protegen, las montañas también. Lactogramas a partir de leche materna, Hemogramas a partir de la sangre de amigos y familiares, Frottogramas frotando los negativos todavía húmedos con el objeto fotografiado, Googlegramas, Herbarium, Palimpsets... La fotografía en la mesa de disección; el menos literal pero el más literario de los fotógrafos; con la estrategia de un hacker se infiltra en los dispositivos epistemológicos suministradores de certeza... (lo copio todo del folleto). ¡Asusta tanta reflexión escondida detrás de unas fotos de apariencia tan inocente! Por eso merece la pena escuchar con atención al autor, que nos explica en un vídeo cada uno de los proyectos expuestos. Claro que al ver el vídeo y enterarte de todo lo que te has perdido en la primera visita, te dan ganas de recorrerla nuevamente, desde el principio. Aun viéndola solo una vez, calculad más de una hora. La verdad es un viaje cuya duración quizás no sobreviva mucho a la travesía (me despido copiando).
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