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No he hecho ningún descubrimiento misterioso, ni voy a desvelar secretos celosamente guardados. Seguidores de Dan Brown, habéis terminado de leer. ¿Qué hice en la costa levantina, aparte de maldecir a arquitectos y constructores? En cuanto se anunció el final de la gota fría y el sol empezó a lucir como no lo hizo en agosto, enfilé dirección Valencia con una amiga. Paseáb
amos por la zona centro cuando vimos una panadería con el escaparate lleno de mazapanes de colorines. Pequeños y con forma de diversas frutas y hortalizas, eran una monada. A la altura de nuestras cabezas colgaba una ristra de pañuelos estampados de señora. Sin lugar a dudas, todo estaba en venta, convinimos. Pero nos llamó la atención la etiqueta de los pañuelos, donde se leía muy clarito: El Corte Inglés. Si ya resultaba extraño que esa cadena vendiera sus productos fuera de sus propios centros comerciales, aún se nos hacía más raro que alguien los robara para venderlos sin ningún tipo de disimulo a pocas manzanas del lugar del delito. A los pocos minutos vimos otra pastelería con las mismas frutitas de mazapán y más pañuelos decorando el escaparate. Y otra, y otra más... No nos quedó más remedio que sacrificarnos y entrar a por una bandeja de mazapán para averiguar cual era el misterio. Yo notaba cómo me crecían las orejas de burro mientras preguntábamos por los pañuelos, y es que estaba claro, que aquello era como ir a preguntar quién es Gaudí a la puerta de la Sagrada Familia. ¿Son Vds. de fuera, eeeeeeehh? se sonrió la dependienta. Pues sí, y como vemos estos pañuelos en todas las pastelerías, nos preguntábamos... Al tratarse de una celebración tan señalada para la ciudad, y por hacer referencia a un personaje muy principal, le cedió la palabra a la propietaria, que visiblemente satisfecha, dio la correspondiente lección de historia a las turistas indocumentadas: Fue un 9 de octubre (el de 1.238) cuando Jaime I tomó la ciudad de Valencia, hasta entonces en manos de los musulmanes. Los habitantes, agradecidos y en medio de un ambiente festivo, le lanzaban pañuelos llenos de frutas y hortalizas (tal cual lo explicaba la señora, parecía que el rey dio la vuelta al ruedo). Y aunque esta 2ª parte no acaba de coincidir con lo que cuenta la página web del Ayuntamiento, la verdad es que le da mucho colorido a la historia. Por eso, cada 9 de octubre (o sea ayer) Valencia conmemora esta victoria, y la ciudad se llena de pañuelos y figuritas. Compramos la bandeja correspondiente (nos tocaron champiñones, naranjas, limones y pimientos) y después de probar los dulces, decidimos que había sido una gran suerte ir a parar a Valencia justo en vísperas de esta fiesta. Por falta de tiempo solo entramos a un monumento: la catedral. Del resto, nos conformamos con la fachada. Esperamos con paciencia (y una horchata) a que dieran las seis y media, momento en el que la visita ya es gratuita. Por suerte, un póster pegado en la puerta de entrada me recordó que es precisamente en este templo donde se custodia el Grial. Altar, retablo, museo, capillas... La visita se acababa y la reliquia no aparecía. ¡Uy! ¿no lo tendrán en zona de pago? ¡Serán capaces! A ver si nos tendremos que arrepentir de haber sido unas roñicas... Por ahorrarnos 3 miserables euros ¡no ver el Grial! Solo nos quedaba una capilla por visitar. Estaban de boda y no cabía un alfiler, así que esperamos a que toda una marabunta de invitados vestidos cual repollos (lo más divertido es que la novia iba bien sencilla) salieran de allí. Una vez dentro, y en el centro de un magnífico retablo, se exponía el famoso Grial. La verdad es que yo no estaba muy sofocada (con lo de encontrarlo o no), porque el Grial ya lo había visto con anterioridad. En San Juan de la Peña, aunque suene raro o anacrónico. Pero digo bien, que lo vi en 1994 en una visita relámpago que hizo con motivo del 9º centenario de la muerte del rey Sancho Ramírez (cuyos supuestos restos reposan en este monasterio, y que aquel día también los sacaron por allí a tomar el aire). En aquella ocasión, el Grial salió de Valencia (bien protegido, por supuesto) para volver al monasterio donde, según se cuenta, permaneció varios siglos (hasta comienzos del s. XV). Aunque muy bien muy bien, no lo vi aquel día. Porque la que se organizó en San Juan de la Peña fue de campanillas. Recuerdo el trasiego de capas y sotanas: los caballeros que custodian el Grial, sacerdotes y jerarquías eclesiásticas varias (no podría especificar...). Aparte de los políticos, que habían organizado todo el ceremonial y no podían perderse la merecida foto. Y es que cualquier excusa es buena para hacerse la dichosa foto. Al igual que cualquier excusa es buena para darse una vuelta por estos parajes (Balcón del Pirineo, Sta. Cruz de la Serós...). Por eso, si necesitáis una excusa para acercaros por allí, utilizad la misma que usaron nuestros políticos hace 15 días: la visita al Monasterio Nuevo (del s. XVII), que ha abierto sus puertas tras años de obras de restauración. Bueno, el caso es que las puertas las abrió antes del verano, aunque ellos hayan subido a inaugurarlo en septiembre. Pero ya se sabe, sus agendas son tan complicadas... La verdad es que el centro de interpretación está curioso. aprovechando los restos de las antiguas estancias (refectorio, celdas, horno, pasillos...) se ha recreado la vida en el monasterio. Unas figuras de tamaño natural y color blanco, monjes de aspecto espectral dedicados a sus actividades cotidianas, le dan un toque misterioso. Merece la pena hacer una escapada.
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