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Elecciones a la vista... pues inauguramos línea de alta velocidad. Leo en los periódicos que a partir del 20 de febrero se podrá ir desde Madrid hasta Barcelona en AVE. ¡Qué suerte tienen los madrileños, que van a llegar veloces como el rayo a Valladolid, Sevilla, Zaragoza, Tarragona...! Y los de Zaragoza, que se presentarán en Barcelona en un tiempo record por "sólo" 100 euros ida y vuelta... Y los de Tarragona, co
n esa estupenda estación que les han construido en el quinto pino, que tardan casi media hora en llegar desde la capital y así, antes de subirse al tren, ya han perdido casi tanto tiempo como el que ganarán luego viajando en el AVE... Yo solo cojo el AVE si estoy muuuuuyyyy cansada (o sea, cuando vuelvo de un viaje al extranjero y voy cargada como una mula), o si tengo muuuuuucha prisa (por llegar al aeropuerto para irme de vacaciones), o si me lo pagan. Cerca de 70 euros se gastó mi empresa la semana pasada para enviarme a Madrid en AVE. Un precio escandaloso para mi gusto, pero claro, teniendo en cuenta que viajo en horas de trabajo (y por lo tanto pagadas), entiendo que les resulte rentable optar por el transporte más rápido. Así va el AVE, lleno de ejecutivos y viajeros que no pagan su billete. Alguien estará pensando que una de dos: o miento como una bellaca y los viajes que cuento son inventos míos, o me quejo de vicio, porque todos esos viajes son mucho más caros que el dichoso AVE. Es verdad. El caso es que me puedo ir de vacaciones si me apetece, sí, y también puedo pagar el AVE... pero lo que mi sueldo no me permite es hacer ambas cosas. Una u otra, nunca las dos. Así que elijo la opción A, el viaje al extranjero, y cuando toca ir a Madrid o Barcelona, me fastidio y compro un billete de autobús, como esa gran mayoría de ciudadanos que tampoco se pueden permitir viajar en la nueva generación de trenes requeterrápidos. Y una vez arriba, dedico el tiempo a dormir, como siempre. Porque los trenes de precio asequible (y velocidad acorde al precio) han "desaparecido". Alguno queda por ahí, pero como al pedir información de horarios, siempre te dan el folleto de los AVE, Alvia y Altaria (que de los otros trenes no hace ni mención), vete tú a averiguar a qué horas salen esos trenes del siglo pasado, especie a extinguir. Una vez estuve a punto de subirme a uno, pero no pudo ser. Volvía cansada de un viaje largo y estaba dispuesta a gastarme los euros con tal de llegar rápidamente a casa. Del aeropuerto a Atocha, y directa a la ventanilla. Pedí un billete para el primer AVE... y precisamente el último acababa de salir, o sea, que no había otro hasta el día siguiente. ¡Ya les vale!, pero si no eran más allá de las diez de la noche... Pues para el próximo tren, le dije resignada. Los otros trenes salen de Chamartín, me contestó tan fresco el empleado. Monté en cólera y me fui a la estación de autobuses. Lo hice como venganza, pero la verdad es que viajar de noche en autobús tiene una ventaja sobre el tren: si te duermes, es más difícil que se te pase de largo tu estación. Y precisamente ese es otro de los problemas de la alta velocidad. Acostumbrados a la siesta de tres horas en el tren de toda la vida, te subes al AVE y como te quedes frito, se te pasa tu parada sin enterarte. Menuda gracia si lo coges de Madrid a Zaragoza, te duermes como era tu costumbre, y te despierta el revisor en Barcelona. Je, je: después tres horas, estás más lejos de tu destino que al empezar el viaje y con 100 euros menos en el bolsillo. Y antes de acabar será de justicia que, después de haberme despachado a gusto con el AVE, reconozca alguna de sus ventajas. Creo que no todo el mundo lo sabe... Yo me enteré de casualidad: Volvía de viaje, tan cansada como siempre y con mi billete de AVE en el bolsillo. Cogí el metro para ir a Atocha y, al ver que me sobraba tiempo, no tuve mejor ocurrencia que echarme la siesta acunada por el traqueteo del vagón... Al despertar me di cuenta de que iba a perder el tren. ¡¡ Ufffffffff!! A correr. Llegué sin aliento al control de rayos X de la estación con la esperanza de que ese día el AVE se hubiera retrasado. Mi reloj tenía más jetlag que yo misma y me era imposible averiguar la hora exacta, así que me hice la despistada y saqué el billete... por si acaso colaba. El tren ya había salido, pero para mi sorpresa me informaron de que podría viajar en el siguiente AVE con plazas libres, simplemente pagando un porcentaje que no me pareció nada abusivo. Como nada es perfecto el siguiente tren con plazas libres salió sin mí, mientras yo seguía en una cola, que no avanzaba demasiado rápido, esperando para conseguir mi nuevo billete.
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