Palencia, adorada Palencia, tan solo hace unos días hubo un accidente de tren, con los buenos momentos que yo he pasado en esas tierras y los malos que han pasado otras, es uno de los lugares de España que debería conocer más gente, se encuentra entre León y Burgos, y nada tiene que envidiarle a estas bellas ciudades, nos centraremos en el lugar que a mi más me gusta un pequeño pueblo perdido entre sus carreteras llamado Cervatos de la Cueza, algunas de sus casas aun son de barro y arcilla, en todo el pueblo solo hay 2 bares uno en un extremo del pueblo junto a la iglesia, donde se llena de gente cada domingo de misa, el otro esta situado en frente del ayuntamiento, donde después de un paseo por el pueblo, al estar una parte de el un poco en pendiente siempre terminas allí. El clima es seco, en la mañana y en la noche hace un poco de fresco, es en el momento del día cuando es verano que se esta mejor, ya que el sol del verano es insoportable. El pueblo consta de tres iglesias, pero solo una esta abierta, otra esta derruida y ahora forma parte del cementerio, y la otra, que es la que esta mas apartada de todas, hace muchos años se quemo y ahora es el hogar de las cigüeñas. Es un pueblo muy tranquilo, sin tiendas de ropa, con un pequeño supermercado, una pescadería, la carnicería y una droguería; es uno de esos bellos pueblos de campo, donde los pastores llevan a las ovejas a pastar durante todo el día, donde puedes ir a pescar en los pequeños ríos o lagos con la tranquilidad que nadie aparecerá para estropearte el día, uno de los pueblos más cercanos es Carrión de los Condes, donde se encuentra un río que todo turista, caminante debe ir a ver o a mojar sus pies en el. Las fiestas de Cervatos de la Cueva, son fiestas típicas de pueblo, con su banda en la noche, un carrito de golosinas, las peñas llenas de gente bebiendo cervezas y catxis hasta que el cuerpo no aguante y todo el mundo tarareando canciones del verano contagiándose de alegría. Y siempre, en el momento que la banda parece que ha tocado su mejor repertorio, comienza a sonar la canción que no pasa de moda, un paso doble, llamado paquito el chocolatero, y es en ese momento de la fiesta donde todo el mundo participa, donde mas risas surgen. En estos pequeños pueblos, digan lo que digan de los buenos restaurantes, es donde mejor se come, una buena cantidad de comida que hasta no dejas ni una sola migaja de pan, por cierto, el pan es esplendido! No es el típico de barra, el de allá es el pan de verdad, del redondo de toda la vida, artesanal y nada de congelado. Su repostería también es una delicia para el paladar, solo de recordar sus magdalenas la boca se hace agua, es una maravilla de pueblo donde descansar, sin el ruido de los coches, en el campo, junto a los campos de girasoles, bajo la sombra de un árbol pescando, o yendo a buscar renacuajos para matar el tiempo, pasear por calles que parecen las calles de un pueblo fantasma, querer perderte y encontrar en todo momento el rumbo, disfrutar por momentos del sonido de los animales del campo, ver en el aire alguna aguija surcar el cielo, es un viaje de castilla y león, del que nunca se olvida su paso en el.
Fue un viaje casi sin preparar, la idea la teníamos, pero poco más, ni siquiera sabíamos si algún día viajaríamos a Japón, me llamo una amiga por teléfono, diciendo que había visto una oferta y sería la oportunidad perfecta para viajar, dudamos varios minutos y al poco rato ya teníamos los billetes, era un viaje muy loco, ninguna hablaba japonés, y el ingles no se nos da precisamente bien, pero siempre hemos creído que en cuestión de imagen siempre han ido adelantados, y teníamos ganas de ir alguna congregación de manga, aun que muy bien no sabíamos como la encontraríamos o si en los días que íbamos habría alguna, el viaje fue agotador, demasiadas horas de vuelo y una escala de 2horas en las que solo nos impacientábamos por llegar a Tokio, fue un viaje sin incidentes, volamos con varías compañías, entre ellas Iberia, el trato que nos dieron a mi gusto fue bastante bueno, nos pusieron varias películas para el vuelo, mi amiga y yo estuvimos escuchando 5min de película en japonés y nos pusimos muy nerviosas, sin saber japonés y el ingles chapurreado lo íbamos a tener complicado, por suerte cuando llegamos el hotel nos había mandado un taxi, en eso fuimos previsoras, nos sentíamos como en una película, pues el taxista llevo una pancarta con nuestros nombres, nos quedamos hipnotizadas por las calles mirando tras la ventanilla, el hotel era realmente espectacular, preguntamos en la recepción como pudimos en ingles, nos recomendaron la zona comercial de Ginza, el hotel se encargo de que una vez nos dejara el taxi a una hora volvieran a buscarnos para regresar al hotel, fue fantástico pasear pos sus calles, algunas de sus tiendas nos dejaron perplejas por su decoración, cuando llegamos donde el taxi nos esperaba allí estaba, nos retrasamos un poco de la hora, pero no queríamos seguir viendo más tiendas, la comida, la verdad es que estaba muy buena, no comimos mucho pescado porque tampoco estamos acostumbradas y no queríamos que algo nos sentara mal y arruinar el viaje. visitamos el parque Ueno – Koen, nos maravillamos, realmente no tengo nada malo que comentar de Japón, en todo momento nos trataron correctamente, aun que nos quedamos atrasadas con la tecnología que llevábamos, visitamos el Museo Nacional de Tokio contiene la selección de arte japonés más grande del planeta; el Museo Nacional de Ciencias está repleto de todo tipo de objetos científicos; y el Museo de Historia Shitamachi reproduce los barrios populares del viejo Tokio. El corazón del casco antiguo, el barrio de Asakusa, se sitúa al noreste. Con el templo Senso-ji, es probablemente el lugar de culto budista más activo del país, aunque toda la zona está indicada para pasear, no nos habríamos movido en todo el día cuando lo visitamos del lugar, se podía percibir las energías, realmente no se puede explicar el sentimiento que ese lugar despierta, es único. También visitamos el Shinjuku, es en la actualidad el barrio más animado para el ocio ciudadano: grandes almacenes de alta calidad, galerías comerciales, neones, oficinas gubernamentales, multitudes, pantallas de vídeo en la calle, restaurantes de pasta japonesa para comer alzados, cabarets, templos recoletos y sórdidos locales de strip-tease. Nos quedamos con las ganas de visitar más lugares, nos gustaría volver, pero por ahora esta complicado, y no hemos vuelto a ver una oferta tan buena como la que encontramos, a nuestro regreso estuvimos investigando que más podrías ver, si algún día regresamos a ese país tan extraordinario. Al final no vimos ninguna convención de Manga, tampoco nos fue necesario, las tiendas de comics eran inmensas, nada que ver con las que conocemos de España, toda una variedad que no creíamos que fuera capaz, y deseamos poder entender japonés para entenderlos, creo que fue de todo el viaje, cuando más hubiéramos dado cualquier cosa por entender el idioma.
Desde siempre me había sentido intrigada por el país de México, país situado en América del Norte, sus costumbres, su cultura, la ciudad más grande del mundo hasta el día de hoy se encuentra en México, el Distrito Federal, más conocida como d.f. y nombrada por los mejicanos como la ciudad sin ley, por su alto índice de delincuencia, pero aquí, he de añadir, que cuanto más grande sea la ciudad, más altas serán las estadísticas que se realicen, pues no es lo mismo una ciudad con 100 habitantes que una con 10.000 habitantes. La ciudad escogida para mi viaje fue Guanajuato, una ciudad un tanto apartada, pero muy conocida por sus leyendas, sus casas, su historia y la gente que la compone. Fue mi primer gran viaje, era primeros de septiembre, y mi vuelo salía de Barcelona – Ámsterdam – México, no parecía ser el mejor día para viajar pues ese día desierto con tormenta, todos los vuelos iban con retraso porque no les dejaban despegar, y mientras esperaba nos dejaran subir al avión conocí a dos mexicanos, pensé que el viaje se me podría hacer más corto, por fin pudimos subir al avión, yo estaba tan nerviosa por el viaje que no confirme mi puesta de entrada de Ámsterdam, para mi sorpresa cuando llego con el tiempo justo que no hay nadie y me dicen que he de ir a otra puerta, por suerte llegue a tiempo, los dos mexicanos que conocí en el aeropuerto de Barcelona ya no me acompañaban ellos cogieron un avión distinto al mió, ellos se dirigían a Cancún, y yo para llegar a Guanajuato tenía que ir al DF. Y de allí a mi destino. Me resulto un vuelo largo, pues en las 14horas de viaje todas fueron con sol y las azafatas no paraban de preguntarnos si necesitábamos cosas con la intención de que no nos durmiéramos mucho y así adaptarnos rápido al cambio horario de 7horas. Cuando llegue al D.f. me llevaron a la estación de autocares para ir a Guanajuato, en México a los autobuses o autocares los nombran como Camiones, apenas llegaba a la estación de autocares salía uno para Guanajuato, y solo salía uno más esa noche hacía mi destino, decidí esperarme al ultimo aun que fuera a llegar tarde a la ciudad escogida para pasar unos días. Salimos del d.f. a las 23:30pm llegando a las 4 am sin hacer muchas paradas por el camino. Hacer el viaje seguido es muy pesado, pero decidí hacerlo así para terminar lo antes posible con los nervios del vuelo. En la mañana después de un sueño reponedor fui a visitar la ciudad, es una ciudad bellísima, la Ciudad de Guanajuato esta protegida por la ONU, es patrimonio cultural de la Humanidad, una de las cosas que me llamaron la atención fue su clima: semiseco, templado y semicálido, por la mañana refrescaba un poco, al medio día podías ir perfectamente con pantalón corto y camisa de tirantes pero en la noche nunca venia de mas tener cerca un jersey y la chaqueta (o como allí la nombran “la chamarra”). Antiguamente era una ciudad de mineros, entre sus minas más conocidas se encuentra la mina de Valencia, que da vida a una de las 11 leyendas que guarda esta ciudad. Paseando o yendo en coche llama la atención que algunas de sus calles son subterráneas y después de tanto tiempo se mantengan en tan buen estado, suportando encima de ellas sus casas. Edificios a destacar esta La Alhóndiga de Granaditas donde se libró la primera batalla por la Independencia, abre ahora es el Museo Regional de Historia. La plaza de la Paz, donde parece el lugar de reunión de todas las personas que están en Guanajuato, desde allí se puede ver el Pípila, una enorme escultura de metal, de la persona que contribuyo a la independencia de México, pero se demostró que en verdad no existió y fue creado para dar poder y vida a sus historias, este personaje lo podemos ver de cerca, esta situado en un mirador, donde se ve toda la ciudad de Guanajuato y donde nos damos cuenta que no es tan pequeña como en verdad lo parece. Los fines de semana podemos encontrarnos con la estudiantina, mas conocida en España como los tunos, quedan tocando en la plaza de la paz un rato para luego ir paseando por las calles de Guanajuato y la muchedumbre los sigue para festejar. Sin irnos muy lejos podemos ver el Teatro Juárez y el Templo barroco de San Diego de Alcalá. Su mercado también es digno de admiración, su estructura, miles de objetos típicos y no tan típicos para regalar o adquisición propia. Entre sus calles y callejuelas destaca una en particular y le precede una bella pero trágica leyenda de dos enamorados que en las noches con tan solo 75cm de balcón a balcón se reunían ahí para besarse, pero era un amor imposible, pues el solo era un pobre minero mexicano y ella una rica española, mantuvieron su amor en secreto hasta que el padre de ella los vio y les advirtió que los mataría, pero el amor de ambos era muy fuerte e ignoraron la amenaza, el padre de ella los volvió a ver la noche siguiente y cumplió su palabra, con cuchillo en mano mato a su hija, semanas mas tarde su enamorado también moría por no poder soportar el dolor de la perdida de su amada, a partir de ese día se dice que todas las parejas que se besan en el tercer escalón de ese callejón, estarán unidos al menos por 15 años. Todos los años para Octubre en la ciudad de Guanajuato se celebra el festival internacional del Cervantino, contando con la participación de 36 países representando expresiones artísticas de gran calidad en ópera, teatro, danza, música, exposiciones, etc. Cada año escogen a dos países para centrar el festival los del año pasado fueron Japón y España, llevando a gente tan conocida como Antonio Canales, entre otros. Una visita muy recomendada es el museo de las momias, por su alta salinidad en las tierras de Guanajuato, se produce este fenómeno de momificación, en el recorrido por su museo esta a destacar y posiblemente la momia que mas llame la atención, pues es ni mas ni menos que la momia mas pequeña del mundo. Para comer la lo pase un poco mal, pues no soy una persona que le apasione el picante y estaba en el país del Chile, pero no todas sus comidas son picantes, y muchas de las veces es optativo, la comida francamente deliciosa, y poder experimentar con los sabores fue una de las mejores cosas a destacar durante el viaje, también me llamo la atención ver varias marcas muy conocidas en España con nombre diferente como por ejemplo las famosas bolsas de patatas matutano, allí se llaman Saboritas, o la prestigiosa marca de helados frigo, se llama Holanda. Algo que nunca se debe hacer en México es beber agua del grifo, tanto para beber, como para lavar los productos que más tarde vamos a digerir es recomendable comprar agua embotellada, hay que tener cuidado respecto a esto cuando vamos a comer fuera o simplemente salimos de fiesta y nos sirven la bebida con cubitos de hielo, pues tenemos la costumbre de llenar los cubitos con el agua del grifo, y como ya mencione no es recomendable. Casi se me olvida comentar, que en esta ciudad no hay semáforos, el respeto que hay en las calles a la hora de circular por ellas es realmente sorprendente y digno de admiración. Durante mi viaje a Guanajuato no me dio tiempo a ver más maravillas, pero de lo que estoy segura es que volveré para seguir explorando esa maravilla de ciudad.
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