No tengo muy claro que fue lo que dijo exactamente, ni lo que buscaba con sus declaraciones, que como bien sabía alguien tan inteligente como él, saltarían a la prensa bajo forma de alarmantes titulares, breves y carentes de matices: ¡¡Un premio Nobel asegura que los negros son menos inteligentes!!
¿Pretendía que se hablara de ese libro suyo a punto de salir a la venta o acaparar la atención sobre sí mismo? ¿pretendía polemizar? ¿acercar la ciencia a las masas? ¿proveer de argumentos a los rapados que sueñan con estampar un ladrillo en la cabeza de un negro? Porque lo ha conseguido todo a la vez.
Claro que después de leer lo que (según dice la prensa) opina sobre la inteligencia de las mujeres, el resto de sus afirmaciones yo las pongo en cuarentena. Hmmmm.
En lo que sí le doy la razón es en el título de su libro: no deja aburrirse a la gente. Ha conseguido que la media hora que tardo en ir del trabajo a casa, la dedique a darle vueltas al tema. No paro de rumiar mientras camino.
Según él, quien trate con negros en el trabajo, (guiño cómplice), ya sabe de qué le están hablando. Así que hago memoria e intento refrescar mis recuerdos de antiguos viajes a Africa. Podría considerar que "los negros" que hicieron posibles esos viajes (guías, chóferes, cocineros...) fueron temporalmente mis empleados. Pero por mucho que me esfuerzo, no consigo recordar que fueran tan torpes e incompetentes como insinúa. Más bien al contrario, quedé bastante satisfecha. Está claro que Africa no es igual que Europa... por eso voy de vacaciones a Africa, porque el resto del año ya lo paso en Europa.
Como media hora da para mucho sigo pensando. Me viene a la cabeza un artículo que leí tiempo atrás, y que desde luego me impresionó. Contaba, si mal no recuerdo, que tribus de pigmeos habían conseguido organizar su vida de forma que trabajando siete horas semanales (por persona), sus necesidades quedaban cubiertas. La media de vida rondaba los 40 años. ¿Una sociedad del bienestar a miles de kilómetros de la sociedad de consumo?
Yo no me cambio por ellos (empezando por que tengo más de 40), pero sí que me gusta imaginar como pueden funcionar estas sociedades, de qué prescinden y qué obtienen a cambio, sus ventajas e inconvenientes. La gracia está sobre todo, en compararlas con la nuestra.
Y claro, lo que me viene a la cabeza a continuación es una pregunta: ¿qué es la inteligencia? Hace apenas dos semanas estaba leyendo "La inteligencia fracasada" de José Antonio marina, y una de las ideas que retuve fue... la que copio a continuación, que yo me explico muy mal:
"En los dos últimos siglos, la inteligencia se ha evaluado por sus capacidades cognitivas básicas -percibir, relacionar, aprender, argumentar, por ejemplo-, que suelen ser lo que miden los tests de inteligencia. Este atrincheramiento en el campo cognitivo me parece una reducción engañosa".
¿No se habrá montado semejante revuelo porque a los pigmeos se les da mal adivinar cual es el 5º elemento de una serie incompleta de cuadrados que van rotando, y por eso sacan malos resultados en los tests de inteligencia? ¿Es esa la cuestión? Desde luego, yo nunca me he imaginado a uno de esos pigmeos que trabajan de media de UNA hora al día recogiendo el premio Nobel.
Por cierto ¿qué tal habrán hecho los tests los amarillos, los aceitunados y el resto de habitantes del globo?
No creo que les quite el sueño a los pigmeos lo de no figurar en la lista de premios Nobel. Y aunque parezco un submarino del Ministerio de Cultura por el empeño que pongo en recomendar libros, hay uno buenísimo, "Vacas, cerdos, guerras y brujas" de Marvin Harris (Alianza ed.), en el que se estudia las diferentes organizaciones sociales que han adoptado pueblos muy diversos. A través de su forma de vida se intuye cual es su escala de valores, que puede ser la nuestra... pero patas arriba. Es muy curioso, y tampoco deja que el lector se aburra.
Pero como no es Watson el único blanco que ha plasmado por escrito sus impresiones sobre los negros, aprovecho para recomendar otros tres:
"Merienda de negros" de Evelyn Waugh (ed. Anagrama). Divertidísima novela que tiene por escenario un alocado país africano en obligado proceso de modernización.
Del mismo autor, "Gente remota" (Ediciones del Viento), una serie de crónicas escritas en sus tiempos de corresponsal en Africa oriental. Allí fue testigo de momentos históricos como la coronación del emperador Haile Selassie (antes Ras Tafari ¡qué pequeño es el mundo! ¿no?), ceremonia que describe con detalle, al lado de otras escenas más cotidianas.
"Dios de agua" del antropólogo marcel Griaule (ed. Alta Fulla), nos introduce en la compleja cosmogonía del pueblo dogón. Un libro fascinante. Para leerlo despacito, y varias veces.


