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Mientras leía el libro y le daba vueltas al tema de las costumbres difíciles de digerir, no paraba de venirme a la cabeza cierta tribu del sur de Etiopía. Y ¡vaya casualidad! ¿será que el candidato de la oposición ha leído el mismo libro que yo?¿habrá decidido no ser relativista cultural y por eso cree que puede y debe cambiar las costumbres del "otro"? A golpe de decreto (o contrato) y dentro de nuestras fr
onteras, es fácil, pero deberíamos enviarlo a Africa y a ver como se las apaña para convencer a algunos (persuadir, diría el libro) de que dejen de hacer lo que hacen: No recuerdo el nombre de la tribu (eso me pasa por no apuntar nada: ni diario de viaje, ni anotaciones en el álbum de fotos), solamente que eran nómadas. El caso es que por un oportuno "chivatazo" a uno de nuestros chóferes, nos enteramos de que esa tarde se celebraba en algún lugar impreciso de los alrededores, una fiesta de paso a la edad adulta de los chavales del grupo. Y claro, tenían que superar ciertas pruebas físicas muy vistosas. Toda una oportunidad de presenciar algo "auténtico"... Anduvimos un buen rato hasta dar con ellos, y no sé si les sorprendió nuestra presencia o si por el contrario nos esperaban. Allí estaban varias decenas de personas, no más, ocupados con los preparativos. Después de anunciarnos a bombo y platillo lo extraordinario de la ceremonia, resultó que los chicos se limitaban a saltar por encima de varios bichos (no sé si vacas o bueyes, rumiantes en todo caso), y visto lo visto, aquello no parecía demasiado complicado. Años después se emitió en televisión un documental de Planeta Solitario sobre Etiopía, y el presentador chiflado (ese que siempre acaba invitado en una boda, bailando y comiendo, o en algún tipo de fiesta de lo que sea), en una ceremonia sospechosamente parecida a la que yo presencié, se sometía a la susodicha prueba superándola sin grandes esfuerzos. Pero no era ésta la ceremonia que me rondaba la cabeza cuando leía sobre el relativismo cultural, sino otra que tuvo lugar justo antes y que fue, ésa sí, auténticamente "bestia". Según nos contaron, algunas chicas iban a elegir al joven que les gustaba como pareja, futuro marido, o lo que allí se estile. No tengo nada claro si elegían en ese momento, o si sólo sellaban un compromiso ya pactado... No sé. Allí era difícil saber. Con la espalda previamente untada con cierto mejunje (imagino que de propiedades cicatrizantes o antisépticas) se acercaban a su elegido y empezaban a saltar delante de él. Ellos llevaban una vara de madera en la mano, y no parecía que les temblara el brazo mientras les cruzaban la espalda a golpes a las pobres mujeres, que seguían saltando. ¡Asustaba ver las heridas, abiertas, en carne viva! No había más que fijarse en los brazos y espaldas de las mujeres adultas, para comprobar el tipo de cicatrices que dejaba semejante ritual. Con decir que en las fotos que traje, incluso en los planos generales, se aprecian las marcas con absoluta nitidez... Dolía solo de verlo..., o de oírlo, porque sonaba que encogía el alma. Creo que dejé de hacer fotos antes de que pasara medio minuto. Para mis oídos europeos, los clicks de nuestras cámaras armonizaban mal con los chasquidos de los latigazos. Pero lo mejor de todo: nadie sabía explicarnos el porqué. Ni los chóferes, ni el guía, ni el cocinero. Un hombre, una teoría. No me extraña que cada cual se buscara su propia versión porque aquello era incomprensible...incluso para los otros etíopes. Después de lo que he contado, creo que debería averiguar de qué tribu se trata. Voy a consultar la guía... Ahora vuelvo. Podría equivocarme, pero creo que son los hamer. Más que nada, por si decidís acercaros: aseguraos bien de que para conceder el visado ¡no piden adoptar las costumbres del país!
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