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Si la casualidad existe, cosa que muchos dudan... Resulta que tanto nombrar el Camino de Santiago, el otro día veo en la tele, medio de refilón, a unos turistas paseando por los tejados de la catedral de Santiago de Compostela. No pude prestar mucha atención porque en ese momento me hablaba mi jefe, ¡vaya casualidad!, pero me enteré de lo más importante: es posible darse un paseo por los tejados de la catedral, y así es como termin
aba en otros tiempos la peregrinación a Compostela. Ni idea de todo esto. Y eso que se supone que compro y leo guías del Camino... Para ampliar la información no me quedó más remedio que recurrir a Internet. Y es cierto, encontré varias páginas en las que se da información sobre las visitas, horarios, precios... También hay quien se anima a contar su experiencia para envidia de los que no hemos subido. Bueno, yo no habré subido al tejado de esa catedral en concreto, pero sí he subido a otros tejados igual de interesantes. Y muchas veces... Je, je. Creo que de todas las actividades que me pueden tocar en horas de trabajo, y son muchas, una de mis preferidas es, sin duda, subir a los tejados de las iglesias. Cada vez que me veo ahí arriba, me digo a mi misma que soy una privilegiada. Porque el permiso para subir y pasear por los tejados no lo consigue cualquiera. O eres la sobrina del párroco y lo engatusas para que te acompañe... o subes por motivos de trabajo. Pero claro, por muchos tíos párrocos que quieras tener, nunca consigues subir a tantos tejados como subimos los que lo hacemos por razones laborales. Cuando me instale la línea ADSL, ya colgaré unas cuantas fotos de esas "excursiones" de trabajo. Recuerdo una temporada en la que me tocó subir a los áticos más altos y con mejores vistas de toda la ciudad. Nunca me cansaba de mirar, ¡qué maravilla! Se podría escribir durante días sobre las vistas desde los tejados de diferentes ciudades. También se podría ilustrar el tema con fotografías curiosísimas, pero eso ya lo hace Yann Arthus-Bertrand ("La tierra vista desde el cielo" y otros muchos títulos) que lleva años publicando las espectaculares imágenes que ha obtenido sobrevolando los cinco continentes. ¡Lástima que no se me ocurriera a mí primero! Claro que los tejados tienen otros alicientes, además de las buenas vistas, que no ofrecen los paseos en avioneta. El propio paseo pisando tejas o los accesos: escaleras de caracol, pasadizos, recovecos, ventanucos... (por no decir si te toca cruzar por el hueco que queda entre la parte superior de cúpulas o techos y el tejado). Y una vez arriba, sentirse más afortunada que el ganador de la lotería, porque a los tejados de las iglesias solo acceden muy pocos "elegidos". Picada por la curiosidad, releo el Codex Calixtinus o Guía del peregrino medieval, la primera guía turística, según dicen. Ni mención de los paseos por los tejados, pero encuentro un capítulo muy divertido titulado "De la acogida que hay que brindar a los peregrinos de Santiago". Se recuerda a todo el mundo que la hospitalidad es un deber, y por si alguien no está dispuesto a ponerla en práctica, amenaza contando varias historias de castigos milagrosos que llevan el sello inconfundible de la "mano divina". Y no se andaba con tonterías la mano, que una vez quemó todas las casas de una calle, menos una, por ser esta la única que acogió a un peregrino que buscaba cobijo. En total, cerca de mil casas quemadas. Para pensárselo dos veces, antes de decirle a un peregrino que no hay ni cama ni sopa caliente para ofrecerle.
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