Para el otoño, época de vacas flacas (ya sin dinero ni vacaciones una vez que el verano ha finalizado), un par de destinos "exóticos" sin moverse del sofá.
Persépolis, de Marjane Satrapi y publicado por Norma Editorial (hoy toca el turno a los cómics), es un viaje a Irán y su historia reciente.
La autora nos cuenta su propia vida, a partir del momento (que le pilla con diez años) en que triunfa la revolución islámica y su colegio cambia el laicismo, bilingüismo y cualquier otro "ismo" (que suenan a modernos y decadentes) por el pañuelo obligatorio.
A lo largo de cuatro volúmenes Marji nos relata con cierto humor su adolescencia y juventud: sus pequeñas aventuras, miedos, proyectos..., junto a episodios de una vida familiar que se entremezcla de forma trágica con los acontecimientos que vive el país. En algunos momentos, el escalofrío es inevitable.
Y así, esta historia nos acerca tanto a la vida cotidiana de los iraníes como al contexto histórico del país. Sorpresas para desinformados, como yo, que a pesar de haber visitado Irán durante 2 semanas, con una muy documentada guía en la mochila, no llegué a enterarme de que la depuesta dinastía de los Palevi se remontaba exactamente a... ¡una generación! Vamos, que el padre del último Sha fue un general golpista que decidió, en el último momento, coronarse emperador en lugar de limitarse a ser presidente como había pensado en un principio.
Han pasado cerca de 30 años y a mi no se me ha borrado la imagen del Sha y su familia bajando del avión camino del exilio, ni tampoco olvido la angustia que me producía verlo en los telediarios: ¡reyes expulsados de su reino!, el orden establecido se iba a pique y aquello solo podía augurar el fin del mundo. Porque viéndolos en los reportajes del Hola, con esas coronas espectaculares y relucientes, ¡quién iba a pensar que no eran una dinastía más que milenaria! Menos mal que un cómic ha venido a sacarme del error.
El cómic es en blanco y negro y los dibujos tienen un cierto aire naïf. Dice la autora en una entrevista a El País, sentirse más influida por oriente y las miniaturas persas que por occidente. Aunque salta a la vista que sus personajes son mucho más expresivos.
Y por cierto, hace poco vi los cuatro volúmenes reunidos en uno solo, a un precio mucho más económico.
Y ahora el cómic en color:
El gato del rabino, de Joann Sfar (Norma Editorial) nos introduce dentro del mundo judío sefardí.
Una familia: padre, hija... y gato, que después de largo tiempo junto a ellos, se ha convertido en un experto en la Torah. Y así lo demuestra cuando después de comerse al loro de la familia (hecho que siempre negará), empieza a hablar y a discutir de tú a tú con su dueño, el rabino, y con el rabino del rabino, pero sobre todo, como buen gato judío, reclama con insistencia su bar-mitzva.
La bar-mitzva es precisamente el primer título de una serie de cinco volúmenes que nos narran las peripecias de este gato deslenguado, a través de cuyos ojos conocemos la vida de esta familia y su entorno (costumbres, tradiciones, religión...).
De momento solo he leído los dos primeros, y lo que sí os puedo asegurar, es que ya tengo encargados los tres restantes. Yo no me pierdo el final de la historia, los viajes a París y Jerusalén, y sobre todo, los comentarios despiadados de este gato.

