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La voracidad y absoluta falta de buen gusto de los constructores españoles nunca deja de sorprenderme. A pesar de las vacas flacas otoñales he conseguido cinco días para acercarme a la costa. Nada más llegar ¡espanto!: me encuentro rodeada de grúas por los cuatro costados. Ningún terreno baldío sin su correspondiente excavadora. Se construye por doquier. Lo curioso es que este año veo más carteles que nunca de S
E VENDE, colgando en terrazas y ventanas de particulares. Pero ellos los ignoran y siguen escupiendo cemento a diestro y siniestro, convencidos de que no tardarán en venderlo todo (y lo gordo es que encima acertarán). Pfffff. Al menos el Mediterráneo sigue en su sitio y no han conseguido, de momento, taparme las vistas. Bueeeeeno..., soy yo la que me tapo los ojos cuando paso por delante del "engendro" camino del apartamento. Es un "rascacielos-bonsai": reúne las peores características de los rascacielos, pero dejó de crecer al llegar al 3er. piso. Porque en esta urbanización no se construían edificios de más de tres alturas (aunque, muy cucos, el verano pasado ya consiguieron pegando dos de tres, uno que alcanzaba seis), y hasta ahora, se habían molestado en no "clonar" los adosados: que si un arco por allí, unos detallitos en las rejas, un tejado que sobresale más que su vecino, fachadas irregulares y escalonadas... ¿Tanto encarece el proyecto darle un mínimo de variedad? Este nuevo edificio (el más avanzado, que en construcción ya he dicho que los hay a patadas) es una acumulación de rectas laaaargas, muy laaargas, fachadas lisas y ángulos de 90º (único ángulo existente, según parece). Bueno, se les ha colado alguna especie de curva que no se sabe si es realmente una curva o se les ha torcido una recta. Se habrá quedado ancho el arquitecto, (sí, esperando el premio Mies van der Rohe, seguro). Por no hablar de los materiales: ningún parecido con lo construido anteriormente, ¿para qué encalar las fachadas como el resto? Claro que en eso le doy la razón, al "rascacielos-bonsai" no le pegaría nada. Para rematar, se me ocurre ir de excursión a Valencia capital. Sobredosis de edificios antiguos y piedra por todos los rincones (está claro que no salí del centro). La comparación es para echarse a llorar. Recuerdo haber visto en TV un reportaje sobre arquitectura racionalista. Aseguraban los arquitectos entrevistados que se sacrificó la estética a favor de la ética. Así se justificaba la utilización masiva de elementos prefabricados y la desaparición de detalles decorativos: viviendas "feotas" pero al alcance de todos. ¡Je, je! Se sacrificó la estética, pero ahora que la ética (vivienda asequible a todos los bolsillos) se ha fugado ¡a saber dónde fue a parar la estética! A las costas de Levante, NO, desde luego. SOS SOS SOS ¡Ahogándome en cemento! Suerte del blog, para desahogarme.
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