Ayer lunes empezaron los trabajos de lanzamiento del famoso Pabellón Puente sobre el Ebro, ambiciosa obra diseñada por la arquitecta Zaha Hadid para la Expo 2008, y que será uno de los accesos al recinto.
Si lo he entendido bien, primero construyen la estructura en la orilla, y luego, con una paciencia infinita (y muchos cálculos de ingeniería) desplazan esa mole de 2.200 toneladas sobre el río.
153 m. de estructura que tardarán 53 días en colocar en su sitio (si el cierzo no lo impide). Todo un alarde técnico, pero a mi no me impresiona: Photoshop agotó mi capacidad de asombro.
Al principio, cuando se dijo que tendría forma de gladiolo yo me lo imaginé elevándose hacia el cielo como una aguja gótica. Luego me enteré que era la planta la que tenía forma de gladiolo. ¡Qué decepción!
Poco me importan todas las complicaciones que se han buscado: si no me gusta, me da lo mismo que el puente se desplace como que baile jotas, a la lista negra. Eso sí, antes de opinar esperaré a verlo.
Y como a mi todo lo moderno me fastidia, el pabellón del que me gustaría tener noticias pero nadie habla por ahora es un pabellón "muy tradicional": el Pabellón botijo.
En realidad es el Pabellón de las iniciativas ciudadanas, y será una obra de arquitectura sostenible, reciclable, ecológica... y quizás la más extraña de toda la Expo. Veremos.
Está previsto construirlo con barro, paja y bambú, materiales que permitirán la regulación de la temperatura sin necesidad de aparatos de aire acondicionado.
Y encima tendrá forma de botijo (supongo que para copiarle las propiedades refrigerantes). Me muero de ganas de verlo, aunque puede quedar horrible, tan grandón como está previsto (25 m. de altura). Pero si no gusta... ¡solo hay que esperar a que pase la Expo para que se lo lleve el río! Reciclable, ya lo he dicho.
También espero con auténtico interés el montaje de una noria de madera que ahora mismo están construyendo en Siria. Se encargan de su fabricación, los mismos artesanos que mantienen en funcionamiento 17 norias situadas a lo largo del cauce del río Orontes a su paso por Hama. Las hay de diferentes tamaños (llegando a sobrepasar los 20m.), el sonido de cada una es particular, y desde luego, convierten a Hama en una ciudad muy especial. ¿Qué tal quedará en el Ebro?
Pero hace tiempo que nadie habla de las norias y no sé cómo llevan el asunto. Pensarán traerlas por sorpresa...
Lo que sí da mucho que hablar es el azud, que se les vendió a los zaragozanos como algo monísimo, que convertiría el Ebro, cuyas aguas guardan respetuoso silencio al pasar por el Pilar, en una lámina taaan lisa, que las barquitas llenas de turistas verían su imagen reflejada en el agua como si fuera un espejo.
Para mí que el alcalde, entusiasta defensor de semejante idea, le hizo una promesa a la Pilarica cuando celebraba allí, en París y a bordo de un bateau-mouche, la elección de Zaragoza como sede de la Expo:
"Tengo la más absoluta certeza de que en verano de 2008, naves como esta en la que ahora celebramos nuestro triunfo surcarán el Ebro, cargadas de turistas venidos de todos los rincones del globo, y al pasar por delante del Pilar, admirarán la belleza de esta basílica, que ha hecho mundialmente conocida a la inmortal ciudad de ZaragH2oza.
Porque piraguas ya tenemos, y nos gustan mucho, pero... les falta ese toque elegante, parisino. Lo nuestro serán barquitas-mouche, y más mouche que las de París, porque serán casi casi de talla-mouche.
Bla, bla, bla."
Es lo que tiene viajar. Supongo que a todos nos ha pasado lo de querer importar ideas "geniales" procedentes de otras latitudes. Algunas siguen siendo geniales una vez en España ( ir en chilaba y babuchas por casa, tomar té con menta, copiarles recetas de cocina...), las hay dudosas ( lavarse la cabeza con jabón de aceite de oliva de Alepo, por ej., aunque yo insisto en hacerlo), y otras son auténticas excentricidades, como cuando me empeñé en reproducir un interior de casa yemení dentro de un antiguo pajar de mis abuelos. A mí, hubo quien me parara los pies. Pero a otros, nadie se atreve a avisarles de que... el rey va desnudo: ¿Qué pinta ese obelisco en la plaza Europa, (casi enfrente de la Expo, ¡casualidad!), que apenas lleva ahí 15 ó 20 años, y que por supuesto no vino de Egipto? ¿Dónde vio algo parecido el promotor de la idea? Pues lo mismo fue en la ciudad de los bateau-mouche...
Al final, la culpa de Fluvi. Que se picó por no entrar en el arca de Noe (lógico, que lo que sobraba esos días era agua), y le obligó al alcalde a que le pusiera las barquitas dichosas. ¿Que cómo lo sé? Como de costumbre, no me despido sin recomendar un libro: "Una historia del mundo en diez capítulos y medio" de Julian Barnes (Ed. Anagrama). Relatos sobre barcos y navegantes... En uno de los más divertidos, el autor se pregunta y con razón, si la pulga (¿o era la termita?) entró en el arca. Porque si lo hizo, en la Biblia no quedó constancia. Ni de la pulga, ni de Fluvi, ni de Pluto...


