"L´art du voyage reste à inventer. Bon vent". Titouan
"El arte del viaje sigue siendo una página en blanco. Buena singladura". Titouan.
Como de costumbre, lo he copiado.
Faltan días para que esos grandes viajeros que son los Magos de Oriente se pongan en camino. Mes de noviembre: extra de vitaminas para los camellos, y las sacas a punto de ser cerradas. Pronto la caravana emprenderá su viaje anual hacia las tierras de poniente, donde esperamos ansiosos sus regalos.
Aún os queda tiempo para pedirles el libro que me trajeron a mí el año pasado, "Cuadernos de viaje. Crónicas de tierras desconocidas". Edita GeoPlaneta, y el autor es Farid Abdelouahab. Además de ser un bonito regalo (grande, tapas duras y magníficas ilustraciones a todo color), el tema es muy interesante.
Desde los primeros cuadernos, obra de científicos y militares, hasta los más recientes y vanguardistas, es una delicia recrearse en cada detalle de las abundantes reproducciones: páginas en las que se mezclan caligrafías primorosas con retratos, paisajes, mapas... hasta llegar a cuadernos muy personales llenos de collages y garabatos.
Tanto el valor artístico como el etnográfico de los cuadernos seleccionados son notables, y los autores de estas páginas fueron artistas plásticos (como Gauguin en las Marquesas o Delacroix en Marruecos), pero también escritores que se atrevieron a dibujar (Victor Hugo), ingenieros, militares, exploradores... Una larga lista que incluye personajes y expediciones totalmente desconocidos, junto a otras aventuras que con el tiempo han llegado a ser famosas.
Por poner alguna pega, se han olvidadode los "Cuadernos de Africa" de Miquel Barceló (Galaxia Gutemberg).
Acabo de leerlo y me gustó, especialmente porque en sus páginas encuentro paisajes, gentes y situaciones que me resultan familiares. Y eso, a pesar de que mi visita a Mali (ya lo siento) no pasó de ser un viaje relámpago. Y además, ya hace casi 15 años...
Pero no son imaginaciones mías: sé a ciencia cierta que los dos fuimos a parar al mismo lugar. Subiendo por la falla de Bandiagara, camino de un pueblecito dogón ¿sería Tireli?, el chiquillo que nos acompañaba nos señaló una casa que no tenía nada de especial (cosa rara por allí, ya que cualquier puerta, edificio, herramienta..., es un tratado de simbología). Muy orgulloso, nos contó que era la de Miquel Barceló, pintor, español como nosotros, y que había decidido instalarse allí.
Anda que si la envidia fuera tiña... A pesar de que la vivienda parecía un tanto precaria, lo de permanecer largas temporadas en el país dogón me pareció un privilegio (un lujo de esos que no se pagan con tarjeta de crédito).
Quizás Barceló se lo merece. Da la sensación de que nunca para de trabajar, siempre rodeado de botes de pintura y pinceles. Y no se puede negar que las estancias en Africa han dejado su huella en la obra del artista.
Y claro, después de ver estos libros, una es incapaz de hacer ni una rayita en el cuaderno de viajes que le trajeron los Magos de Oriente. Un cuaderno precioso, porque cada día los venden más bonitos, ¡lástima que sus páginas en blanco seguirán muy blancas durante mucho tiempo!



