Llevamos varios días pendientes de la dichosa antorcha olímpica en su accidentado periplo hacia Pekín. Y por mucho que les pese a los chinos, tiene toda la pinta de que buena parte del recorrido lo hará apagada, ya que la llama dura encendida menos que una vela de cumpleaños. Una protesta bastante pacífica esta que han ideado los tibetanos (a pesar de que cada día hay bronca), si se compara con los métodos que emplean los chinos en el Tibet... Y además muy eficaz, ¡en su vida les había prestado tanta atención la prensa!
Coincidiendo con las noticias sobre el tema que inundan estos días los telediarios, recibo hoy la revista L´Homme en Question correspondiente al invierno de 2008. La editorial Albin Michel destaca en portada, entre otras novedades, un libro titulado "100 mots pour comprendre les chinois" (comprender su cosmovisión, no su política en el Tibet, claro está). Ni que decir tiene que no me he leído el libro pero sí el artículo que le dedican, y he sacado algunas ideas muy interesantes (que no tengo tiempo de contar), además de un pequeño ejemplo práctico que ilustra como se las gastan en China con los asuntos del idioma (ese sí lo contaré).
El libro parte de una idea básica: la visión que cada cultura tiene del mundo se refleja en su lengua. Así que para acercarse a los chinos y comprender mejor su pensamiento, el autor, Cyrille Javary, propone completar la información que ofrecen periódicos y enciclopedias con el estudio de un centenar de palabras clave. Y lo que en cualquier otro idioma ya tendría gran interés, es en este caso una tarea fascinante porque nos encontramos ante un idioma ideográfico, es decir, que las ideas quedan plasmadas gráficamente (¡con dibujitos!) en su escritura.
Se extiende la reseña analizando un ejemplo curioso: la palabra "comunista" en chino. Yo lo cuento brevemente, porque es divertido:
Al nacer el comunismo, la palabra utilizada por los chinos para nombrarlo fue gong chan dang.
"Chan" significa producir y "gong" para todos. Queda "dang", partido.
El ideograma que correspondía a "dang" revelaba la concepción que se tenía en la China imperial de un partido político. Porque el ideograma se componía de dos partes, que unidas evocaban a un grupo de gente reunida de forma más o menos secreta en el alto de una casa. Para conspirar, sin duda. O sea, un conjunto de traidores.
Llegado el período comunista, se las apañaron para encontrar otro ideograma que se leía igualmente "dang", pero cuyo significado variaba notablemente. Hacía referencia a una antigua rama de parientes de la familia real, que se autodenominaban "gentes eminentes". Perfecto.
Y así fue como el ideograma "dang", partido, pasó de tener unas connotaciones ciertamente negativas a otras mucho más aceptables... sobre todo para el partido. Je, je.
Y siguiendo con esto de las palabras y los idiomas, voy a recomendaros un libro que a mí me encanta hojear, porque siempre saco ideas sobre las que especular un rato: "Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española". Edita Alianza y el prólogo es de Camilo José Cela (lo digo por si para alguien es garantía de calidad), pero imagino que cualquier otro diccionario similar también valdría.
Se trata de seguir la pista de las palabras acercándose todo lo posible a su origen, es decir, descubrir de qué idioma proceden, de qué palabra en concreto y cual era el significado de esa remota palabra, comprobar como el significado ha ido variando con los siglos y la lógica que ha seguido dicho proceso... Una tarea que puede depararnos grandes sorpresas. Y mucho entretenimiento.
Está claro que en este diccionario muchísimos vocablos de uso común no aparecen, porque de lo que se trata no es de darnos un montón de significados, sino de rastrear etimologías que además cuentan historias. Pero ¿quién nos lo va explicar mejor que los autores? Nadie. Por eso les cedo la palabra (o sea, copio de la introducción):
"Existen ya casi todo tipo de diccionarios.... Ninguno, sin embargo, presenta las palabras en familias pertenecientes a un origen etimológico común. Que "pie", "peaje" y "peatón" pertenecen a la misma familia no es difícil de ver; o que "pedestre" y "apearse" son derivados de "pie", como "piezgo" y "trapecio"; que también lo son "herropea", "peor" y "pecado", así como "pijama", "babucha", "pionero" y "pedigrí", entraña más dificultad. Sin embargo, todos pertenecen a una misma raíz, y a través de distintas lenguas indoeuropeas llegan al español con el mismo significado de "pie", modificado por sus respectivos intermediarios árabe, francés, inglés, indio, y persa". Alucinante ¿no?
Completan la obra unas listas de palabras procedentes de otros idiomas. Siguiendo itinerarios más o menos intrincados, han llegado hasta nuestra lengua a través de diferentes caminos: origen céltico, origen céltico a través del árabe, origen eslavo, germánico, germánico a través del árabe, iranio, latino, latino por vías indirectas, sánscrito...
Apasionante.


