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Se están proyectando últimamente en la Filmoteca de Zaragoza, unas películas africanas MUY interesantes. Sin ningún tipo de referencia previa, me aventuré a ver "La nuit de la vérité", primer largometraje de Fanta Regina Nacro, joven realizadora de Burkina Faso. Y aunque no me atreví a insistirle mucho (ya se sabe que en las filmotecas se pueden ver desde obras maestr
as hasta auténticos ladrillos, y a menudo, una cosa no quita la otra), una amiga aceptó acompañarme. A la salida, coincidimos en que era de lo mejor que habíamos visto en mucho tiempo. La historia sucede en un lugar indeterminado de Africa. Allí, todos se preparan para celebrar una fiesta que sellará la paz entre dos bandos rivales, enfrentados hasta hace poco en una cruenta guerra civil. Pero ¿se puede pagar cualquier precio por conseguir la paz? ¿se deben olvidar y perdonar, sin mediar juicio ni castigo, los crímenes cometidos? Son cuestiones que planean sobre la historia y que podrían plantearse en el caso de muchos conflictos reales. Finalmente, el afán de justicia que no se ve satisfecho, acaba por tomarse la justicia (o venganza) por su mano. Pero no fue ése el único descubrimiento: el ciclo de Diop-Mambety también ha sido toda una sorpresa. La película "Hyènes", sin ser la mejor de su filmografía, me pareció francamente original. La historia es extraña, también con mucha miga, y la puesta en escena pelín surrealista: personajes estrambóticos... no sé, un surrealismo con raíces africanas, pero también muy calandino. Y para colmo, la película tiene más de 15 años. ¡Con lo moderna que parecía! Antes de la proyección, inevitable conversación entre marujas (mi amiga y yo), que si qué haces, qué dejas de hacer, y así me entero de que hay una exposición de Gervasio Sánchez en Barcelona, que no debería perderme. A provecho que estoy un par de días en Barcelona y me alojo a dos pasos del Palau Robert, ¡esto sí que es suerte, en una ciudad tan grande!, para acercarme a verla. Entro por la puerta de atrás con mi despiste habitual y no encuentro la exposición que busco, pero el jardincillo que descubro es un oasis en medio de la cuadrícula del Eixample. Los cientos de veces que he pasado por aquí, y nunca había visitado este palacio. Cuando voy a salir en busca de otra puerta, veo por el rabillo del ojo un libro olvidado sobre un banco. Nadie por los alrededores... ¿No tiene dueño? Media vuelta para examinarlo de cerca, por si acaso es lo que pienso ¡Acerté! Por fin se cruza en mi vida un libro de ¿"crossingbook" le llaman? "El temps de les cireres" de Montserrat Roig, ése es el libro que he encontrado. La pena es que no debería llevármelo. Aunque entiendo catalán, ¿dónde lo dejo yo después? ¿En la plaza del Pilar? Veamos, si lo encuentra un simpatizante de la Chunta pensará: " Está escrito en una de las lenguas de esta comunidad. Debo fomentar el uso de esta lengua periférica y minoritaria. Me lo leeré, diccionario en mano, aunque tarde meses". Exacto, tarda meses y el libro está retenido todo ese tiempo. Opción B: lo encuentra Supermaño y tiene el día picajoso. Asustado ante este intento de colonización cultural, lo tira al Ebro para que vuelva a nado a la comunidad autónoma de donde nunca debió salir. Y si se ahoga, pues mejor. Ante semejante panorama, está claro que no lo cojo. Y sintiéndolo mucho, ahí se queda ese libro viajero. Porque aunque quizás no salga de Cataluña, está claro que viajará de mano en mano. En cuanto a la exposición de Gervasio Sánchez, se la recomiendo a todo el mundo. Por lo que leo en Babelia, coincide con otras exposiciones sobre fotoperiodismo que pueden verse ahora mismo en diferentes ciudades ( "Latidos de un mundo convulso", "Periscopio. Una mirada al fotoperiodismo"...). Interesante artículo titulado "El arte de la guerra", en el que se reflexiona sobre la situación actual del fotoperiodismo. Gervasio Sánchez nos muestra las fotografías que realizó en Sierra Leona, durante un viaje al que le acompaña su familia (mujer e hijo de corta edad). Circunstancia extraña tratándose de una zona un tanto conflictiva, y que también tiene su reflejo en la exposición. Allí visitan a Chema Caballero, misionero que se dedica a la reinserción de niños soldados. Quizás no hay demasiadas fotografías colgadas, pero aunque no hubiera ninguna, solamente por el vídeo merecería la pena ir. El propio autor, voz en off, reflexiona sobre su trabajo, sus años de aprendizaje, el periodismo..., sobre lo que le queda de periodismo al periodismo actual (o sea, muy poquito casi nada). La opción de Gervasio Sánchez no es el periodismo de usar y tirar, ese periodismo de cifras y sucesos inconexos (tantos muertos en tal lugar, las explicaciones búscalas en otro sitio) en el que la inmediatez está por encima de todo. El no se olvida de las noticias cuando los periódicos deciden que dejan de serlo. Su libro "Vidas minadas", en el que cuenta la historia de varias personas que han sufrido amputaciones, es un claro ejemplo. Y como él dice, no se trata de solidaridad, eso ES periodismo. Auténtico periodismo. Aunque hay que reconocer que compromiso solidario no le falta. Como tampoco respeto, grandes dosis de respeto por las personas a las que se acerca. ¡No os la perdáis!
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