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Gran Scala busca trabajadores y San Caprasio busca cueva para mudarse. Austera, en un lugar tranquilo y a ser posible con buenas vistas, o sea, similar a la que ahora ocupa en la Sierra de Alcubierre. Alguno pensará que el santo se precipita, pero aunque "nadie" conoce el emplazamiento definitivo del macrocomplejo, está claro que el ruido de las monedas entrechocándose dentro de las tragaperras, resonará en todo el valle del Ebro.  
; Años de protestas berreando "Yankee GO HOME", y cuando por fin se piran de la Base Aérea... Je, je. No han pasado ni veinte años, y ya están otra vez aquí. Y para colmo, nosotros preparándoles la alfombra roja: ¡ni que esto fuera Hollywood! ¿No querías caldo?, pues ¡toma taza y media! Cierro los ojos y ¿qué veo?: parados y monegrinos con los libros y cassettes de That´s English encima de la mesilla. ¡Hay que refrescar el inglés! Bueno, refrescar es un decir. Más bien empezar de cero, porque para una frase que nos sabíamos todos, nos la vamos a tener que tragar. O por lo menos, los que aspiren a recibir las propinas que se repartirán por allí. Así que el desierto de los Monegros seguirá siendo un secarral, pero muy poco desierto. Veo autovías que cruzan la nada, caravanas de coches, manadas de turistas bajando de los autobuses, el espacio aéreo colapsado...: más tráfico en un día del que ha tenido todo Aragón a lo largo de 2007. Y en medio de todo, el oasis de césped, cemento, golfistas y ludópatas (entre otros). Con semejante panorama, no me extraña que el pobre San Caprasio se esté planteando abandonar su domicilio de toda la vida, esas pequeñas cuevas excavadas en la roca, en las que no dispone de comodidad alguna, pero desde donde se disfruta de unas vistas que son, sin duda, de las mejores de todo Aragón. La soledad y el silencio que se respiran (todavía) invitan a la experiencia mística, y por allí se acercan a veces, ciudadanos estresados en busca de un poco de paz interior: ¡pues se les va a acabar! Aunque la verdad es que en los Monegros nunca han tenido demasiada vocación de desierto. Normal. Cuando no se tienen unas dunas anaranjadas y fotogénicas como las del Sáhara, es difícil venderse como tal. Recuerdo que hace años, un conferenciante les animó a promocionar un turismo interesado en la flora y fauna (que apenas se ven, sobre todo la fauna, casi microscópica, pero que son excepcionales). Turismo concienciado desde el punto de vista ecológico, y que supiera apreciar el valor de esta zona esteparia única en Europa. ¡A punto estuvieron de declararle persona non grata! El asunto se llevó a pleno y no recuerdo en qué quedó la cosa. La verdad es que cuando se vive de la agricultura, lo del secano es bastante fastidioso. Por eso, cuando los habitantes de la zona empiezan a oír hablar de diversidad y riqueza ecológica excepcional, rasgos de las estepas áridas de la Era Terciaria, avutardas, y conservación del ecosistema, se empiezan a mosquear: eso frena la llegada del deseado regadío. Y si encima, a tu vecino del otro lado de la carretera sí le ha llegado... Está claro que en Monegros el turismo no es masivo, a pesar de que hay motivos suficientes para acercarse a pasar un fin de semana. Por allí andan las monjitas del monasterio Sijena, impresionante después de la restauración, la ruta de Orwell con sus trincheras, la laguna de Sariñena, curiosas formaciones geológicas (farallones...), camellos que se encuentran como en casa, pueblos (Villanueva de Sijena, donde nació Servet...), iglesias, tesoros escondidos... Y de momento, todo esto se disfruta sin agobios ni aglomeraciones. Cuestión de tiempo y "un poquito de ilusión" (como pide el vicepresidente), que los Monegros dejen de ser ese remanso de paz para convertirse en una locura de idas y venidas, y..., y...., y.... Pero nunca digas "de esta agua no beberé". Empiezo a redactar mi curriculum para presentarlo en el Inaem, porque tal y como está la empresa donde trabajo, auténtica casa de locos, ya me veo mendigando trabajo en tierras de san Caprasio.
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